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jueves, 8 de noviembre de 2012

Político neonazi de día, músico satánico de noche - Luis Santamaría


Político neonazi de día, músico satánico de noche
Luis Santamaría 


Hace unos días daba la vuelta al mundo la imagen de un diputado del partido neonazi griego (Amanecer Dorado) que ordenó levantarse a los periodistas para saludar a su jefe. Ahora se ha sabido que ese diputado nazi es también el miembro de una banda musical de Black Metal, conocida por sus actuaciones de estilo macabro, según relata Victoria Ortega en Antena 3 (ver vídeo).

Bajista de una banda de Black Metal de noche, diputado del partido nazi Amanecer Dorado de día. Georgios Germenis se ha hecho famoso por ordenar a los periodistas levantarse y mostrar sus respetos al lider, en la primera rueda de prensa tras las elecciones.

Germenis lanza arengas en el escenario político y en el musical. Oculto bajo un kilo de maquillaje propaga consignas satánicas en sus actuaciones. En ese mundillo es conocido con el apodo de Kaiadas, que es el barranco donde los espartanos lanzaban a la muerte a los prisioneros de guerra. Y a la muerte, al anti-cristianismo y a la oscuridad canta en sus álbumes.

Sus letras hablan de un mundo podrido que se dirige hacia la destruccíon. Y si ésta es la letra musical, la letra politica es: No a la Unión Europea, no al Fondo Monetario Internacional, fuera los inmigrantes de Grecia. Los medios griegos hablan ya de "un Satán en el Parlamento".

jueves, 18 de agosto de 2011

La JMJ Madrid es una fiesta de la fe, totalmente autofinanciada - Card. Stanyslaw Rylko

La JMJ Madrid es una fiesta de la fe, totalmente autofinanciada
Card. Stanyslaw Rylko


Ciudad del Vaticano, 17 Ago. 11 (AICA).- El cardenal Stanyslaw Rylko, presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, señaló que la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Madrid 2011 constituye "una epifanía de la fe cristiana de dimensiones planetarias" y reiteró -desmintiendo a unos grupos titulados “laicistas y ateos” de España- que el acontecimiento está "totalmente autofinanciado" ya que no le cuesta ni un euro al Estado español.

En un artículo escrito en el diario vaticano L'Osservatore Romano pasa revista a lo que significa para la Iglesia Católica esta multitudinaria celebración de jóvenes que van a encontrarse con el papa Benedicto XVI en una España que pese al laicismo de algunas minorías, tiene profundas raíces católicas.

El Cardenal destacó la "respuesta generosa y entusiasta de todas las diócesis de España a la decisión del Papa" de celebrar la JMJ en la península ibérica. En este periodo de preparación, la Iglesia en España "ha podido valorar los recursos preciosos de los mismos jóvenes, que se ven renovados en medio de una crisis que no les pertenece y que los castiga de otras maneras".

domingo, 12 de junio de 2011

Diario vaticano resalta ejemplo de diputado que juró ante crucifijo en Valencia

Diario vaticano resalta ejemplo de diputado que juró ante crucifijo en Valencia


ROMA, 11 Jun. 11 (ACI).- El diario vaticano L'Osservatore Romano resaltó en su edición dominical el ejemplo del diputado católico Juan Cotino, que para su juramento al iniciar sus funciones al frente del Parlamento de la Comunidad de Valencia (España), solicitó se colocara un pequeño crucifijo como expresión de que la fe no puede silenciarse en la vida pública.

El 9 de junio y antes de su juramento como Presidente de la Nueva Cámara de Valencia elegida el 22 de mayo, Cotino solicitó un crucifijo para colocarlo junto a la Constitución y la Biblia. Como no había uno llevó uno pequeño de su propio despacho.

Haber colocado este símbolo religioso cristiano le ha valido la crítica de algunos parlamentarios de izquierda, sectores de la prensa como los diarios El País y El Plural, y algunos grupos en Valencia.

Pero el sacerdote José María Gil Tamayo, miembro del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales señala en el artículo publicado por LOR que lo hecho por Cotino "ha sido un elocuente y valiente gesto público de manifestación de las propias convicciones religiosas, que el parlamentario no ha querido esconder al momento de ejercer su nueva misión de representación política".

sábado, 19 de febrero de 2011

Laicidad y laicismo: confusiones interesadas - Eleuterio Fernández Guzmán

Laicidad y laicismo: confusiones interesadas
Eleuterio Fernández Guzmán


Algunos se preguntan si España, se entiende que las personas que constituyen la nación, está preparada para un “verdadero Estado laico”. Y así lo hacen porque parece imposible que cuando la mayoría de las personas se considera católica no se pueda vivir con tal realidad.

Cuando, además, quienes dicen tales cosas son católicos podemos estar más que seguros que hay gato escondido en tales pretensiones.

Y es que, en ocasiones, se confunden términos como laicidad y laicismo porque lo que se pretende es que impere el segundo sobre la primera en la seguridad de hacer daño a determinadas estructuras religiosas.

Existen una serie de fantasmas que, de forma reiterada, se emplean en contra de la Iglesia católica para ver si se difunde la especie según la cual lo mejor es que todas las religiones sean iguales para que, en verdad, ninguna sea tenida en consideración. Esto es puro relativismo.

lunes, 7 de febrero de 2011

La Colaboración entre Católicos y No Creyentes

La Colaboración entre Católicos y No Creyentes
Stefano Fontana


Conversación con monseñor Giampaolo Crepaldi, arzobispo de Trieste


TRIESTE, jueves 3 de febrero de 2011 (ZENIT.-org).- En el mundo de hoy hay una gran discusión entre laicos y creyentes, Estado e Iglesia, religión y secularización. Y no se trata solamente de las intervenciones eclesiásticas en lo referente a las políticas que regulan el Estado y la sociedad civil.

El tema de la relación entre el laicismo y la religión se ha vuelto más peliagudo, sobre todo cuando se habla de la amenaza del fundamentalismo islámico que no reconoce ninguna diferencia entre ambas.

Para profundizar en el tema, ZENIT entrevistó a monseñor Giampaolo Crepaldi, arzobispo de Trieste, presidente de la Comisión “Caritas in Veritate”, del Consejo de las Conferencias Episcopales Europeas (CCEE) y Presidente del Observatorio Internacional “Cardenal Van Thuan” sobre la Doctrina Social de la Iglesia.


- Excelencia, antes que nada, ¿qué quiere decir para usted el término “laico”?

Monseñor Crepaldi: Me parece que hoy en día esta palabra tiene cuatro significados. El primero es “no sacerdote” y “no religioso”. Quien no es sacerdote ni pertenece a una congregación de monjes, frailes o religiosas es laico. Mi madre y mi padre eran laicos.

En segundo lugar, se puede llamar laico a quien piensa que el ámbito político es autónomo de la religión, pero que al mismo tiempo pueda valerse de los recursos espirituales y morales de la religión, incluso que sienta necesidad de ellos, de otro modo la misma política se transformaría en una absoluto religioso.

Un tercer significado de laico se refiere a quien vive y razona sin tener en cuenta la religión, expresado con otras palabras sería indiferencia hacia la religión.

Y por último, hoy laico también puede significar anti-religioso, es decir que combate la religión, no la deja expresarse, no le da cabida en el espacio público.


- ¿Podría establecer una jerarquía entre estos significados? Según su opinión ¿cuál es el verdadero laicismo?

Monseñor Crepaldi: La primera definición no es un problema para nadie. Entre las otras tres quisiera decir que la más correcta es la primera (lo que equivale a la segunda del elenco mencionado), mientras que la segunda y la tercera son incorrectas, antes que nada desde el punto del laicismo. O sea que son formas de laicismo poco laicas.


- Entiendo que usted diga que quien combate la religión es poco laico, pero quien no la tiene en cuenta y es indiferente ¿no sería un auténtico laico?

Monseñor Crepaldi: Ya hay una exclusión de Dios en el ámbito público. Aunque si no la combato abiertamente, si afirmo que la organización de la sociedad no debe tener en cuenta mínimamente la dimensión religiosa sino que debe serle indiferente y por ejemplo, que es necesario quitar los símbolos religiosos, apostar por una instrucción escolástica que prescinda totalmente de la religión, que el obispo no puede manifestarse públicamente y que los católicos no pueden ejercer su presencia explícita en la sociedad o cosas de este tipo... digo que soy indiferente pero en realidad he hecho una elección basada en la exclusión.


- Por tanto, ¿no es posible no tomar una posición concreta respecto al problema de Dios?

Monseñor Crepaldi: No es posible. Y el laicismo que dice hacerlo posible es un engaño. El laicismo es el ejercicio de la razón y no del engaño. Se puede construir un mundo basado en Dios o no basado en Dios. No hay posibilidad para una tercera posibilidad. Basar un mundo en Dios, no quiere decir ser un integralista, significa reconocer la autonomía de las cosas humanas, pero verlas dentro de sus límites, y por tanto en su necesidad estructural de un suplemento de recursos para poder ser ellas mismas. Por este motivo un mundo sin Dios no significa crear un mundo neutral.


- Además hoy se dice que la cuestión de Dios viene después para quien se lo quiere plantear. Usted sin embargo dice está en primer lugar, en cuanto que es una cuestión que nadie puede eludir.

Monseñor Crepaldi: La cuestión de Dios es anterior a todas las demás y no existe nadie que no se la plantee. Esto sucede porque cuando conocemos la realidad, la encontramos enseguida necesitada de un fundamento, o sea que es incapaz de explicarse completamente por sí misma.

En esta percepción ya existe la idea, aunque muy general, de Dios, que nos acompaña para siempre. La idea de Dios no se une, por tanto, cuando ya hemos elaborado todas las demás.

El laico es aquel que usa la razón para organizar la propia vida, pero no para absolutizar la razón y que constituya su prisión, sino que mantiene abierta la pregunta, permanece disponible a un suplemento de sentido que la razón por sí misma no puede dar, pero al que nos remite, ya que en ella percibe una necesidad de estar completa que por sí misma no se puede dar.


- En este sentido entonces sólo es laico el que se mantiene abierto a Dios.

Monseñor Crepaldi: Creo que es exactamente así, y le daré dos ejemplos: El presidente francés Sarcozy, en su famosa intervención en San Juan de Letrán hace algún año, usó la expresión “laicismo positivo”. Quería expresar con este término una actitud positiva de apertura con respecto a la religión. El Papa Benedicto XVI demostró que apreciaba esta expresión y la empleó en su viaje a Francia hace dos años.

El segundo ejemplo es el siguiente: Joseph Ratzinger, en un discurso famoso que realizó cuando todavía era cardenal, invitó a los laicos a “vivir como si Dios existiese”. He aquí de nuevo el tema del laicismo positivo. Sería verdaderamente poco laico eliminar la duda: ¿y si Dios existe?. El creyente, cuya fe no está exenta de cierta incredulidad, pide al laico la misma honestidad intelectual, que también viva él con la duda laica: ¿estamos seguros de que Dios no existe?.


- ¿Y si el laico no lo hace?

Monseñor Crepaldi: Creo que entonces no es laico. Se convertiría en un dogmático y se dejaría llevar por un disgusto intolerante hacia la religión que lo haría incapaz de ver con objetividad su significado, la cambiaría por una superstición cialtronesca. De hecho la combatiría, naturalmente en nombre del laicismo, que se convertiría en la nueva religión de la antirreligión. Hoy hay muchos de ellos, son los laicos intolerantes.


- En una carta a los niños de su diócesis para la fiesta de San Nicolás, usted había afirmado, entre otras cosas, que los niños que viven en una familia en la que los padres están casados son afortunados. Por esto ha sido criticado por discriminar sea a los niños o a las familias. ¿Lo considera un ejemplo de laicismo intolerante?

Monseñor Crepaldi: El laicismo tolerante es aquel que permite a la Iglesia expresarse según su lógica y no decir cosas que corresponden a otras formas de pensar. La fe cristiana dice que el matrimonio no es sólo un contrato explícito o implícito, sino que es la construcción sacramental de una realidad nueva, que vivirá en la medida en que acepte ser vivificada por el Señor.

Esto no contradice al hecho de que, por desgracia, tantos matrimonios celebrados por la Iglesia humanamente fracasan; ni obliga a equiparar a todos los tipos de “familia”. No creo que sea tolerante criticar al obispo que dice que el verdadero modelo de familia es el cristiano, propuesto por Dios mismo en la Sagrada Familia de Nazareth vivido y enseñado por el Señor Jesús. Ni se puede impedir la afirmación de que nacer en una familia así, en la que el amor de los cónyuges tiene la impronta del amor de Dios por nosotros y de nosotros hacia Dios, sea una gran fortuna. Añado a este tema algo más, que esto debería ser considerado un derecho para todos los niños. Quien lo ha experimentado sabe que es una gran suerte. Decir que en este sentido el obispo hace una discriminación es ridículo: el amor de la Iglesia es para todos, pero no la exime de decir como están las cosas.


- Trieste está orgullosa de su tradición laica. ¿Hace bien?

Monseñor Crepaldi: Hace bien porque su laicismo es apertura a la convivencia, aceptación recíproca, diálogo amistoso y sin prejuicios, con ausencia de formas fundamentalistas. Pero se equivoca cuando alguna persona da a este laicismo otro significado: que la Verdad no existe, que la Iglesia no debe anunciar a Jesucristo como Verdad y Vida, que la Iglesia no debe evangelizar ni rezar para que las conversiones aumenten, cuando critica al anuncio llamándolo proselitismo. O también se equivoca cuando se le quiere poner al obispo una mordaza, o peor cuando le obliga a decir algo que todo el mundo quisiera oír, es decir lo que a todo el mundo le parece bien. No todo está bien: en la actualidad se han establecido formas de familia que no son un verdadero bien para los niños y que les hace sufrir, llevándoles de un lado a otro y cargando sus pobres espaldas con las irresponsabilidades de los adultos. No es verdadero laicismo el que prohíbe al obispo decir estas cosas.

La Iglesia pide obediencia a sus propios fieles, no a todos los hombres. A los demás la Iglesia pide respeto, considerando que desempeña un servicio para la humanidad, y que recupera valores morales y espirituales para el bien de la sociedad. Pedir respeto no es pedir privilegios. Por que nada ni nadie puede quitarle a la Iglesia su “pretensión”.


- ¿Qué pretensión?

Monseñor Crepaldi: La pretensión de tener la respuesta a las verdaderas necesidades del hombre. El laicismo debe respetar sobre todo esto: que la Iglesia tenga la posibilidad de proclamar totalmente su mensaje de salvación, que se refiere a la vida humana entera, pensando que de esta manera, se realiza un servicio a la persona humana. Por eso no se acepta mi crítica de que vivir en una familia cristiana vivificada por Cristo mismo y por su Espíritu es una gran fortuna, no se acepta que la Iglesia con su mensaje pueda hacer la vida más humana. La Iglesia nunca podrá aceptar esta intolerancia hacia ella.



[Traducido del italiano por Carmen Álvarez]



domingo, 6 de febrero de 2011

Laicismo beligerante anticristiano

Laicismo beligerante anticristiano


Oviedo (España), 3 Feb. 11 (AICA).- “Uno se pregunta con extrañeza por qué hay patente de corso en la exclusión del hecho religioso en general y del cristianismo en particular. La impunidad con la que los intolerantes imponen su censura a veces con violencia, en algunos casos tiene una pátina de legalidad, de razones de seguridad, de apoyo a las minorías, en cuyos eufemismos se esconde la política de desgaste a la presencia cristiana, la estrategia de confusión para diluir el hecho religioso o el maquillado con el que grupos políticos, culturales y mediáticos tratan de destruir al cristianismo”. Este es un párrafo de la carta pastoral que Mons. Jesús Sanz Montes, arzobispo de Oviedo, envió a sus fieles, y cuyo texto es el siguiente:


“Laicismo anticristiano”

Hace unos días se presentó un Informe sobre la Libertad Religiosa, que realiza la importante organización católica “Ayuda a la Iglesia necesitada” que fundó el P. Werenfried van Straaten en 1947, para ayudar pastoralmente a las comunidades cristianas que tienen diversas necesidades o que sufren persecución en cualquier parte del mundo.

Su director en España, Javier Menéndez Ros, acaba de asegurar que la situación ha empeorado en estos dos últimos años. Aduce que esta tendencia agresiva obedece, por una parte, a que hay una radicalización de una parte del mundo islámico, y por otra, a la llamada cristianofobia del laicismo beligerante y la barata facilidad con la que la Iglesia es sometida a befa y mofa en el entorno de los países de Occidente.

jueves, 27 de enero de 2011

Ataques de "laicistas-progresistas" impiden celebrar Misa en Universidad de Barcelona

Ataques de "laicistas-progresistas" impiden celebrar Misa en Universidad de Barcelona


BARCELONA, 25 Ene. 11 (ACI).- Los constantes ataques "anti-capilla" de un grupo de jóvenes autoproclamados "laicistas-progresistas" impiden a estudiantes y docentes de la Universidad de Barcelona (España) ejercer su derecho a profesar libremente su fe y asistir a Misa en el campus.

"No habrá más misas hasta que la universidad pueda garantizar la seguridad de los estudiantes que quieran asistir a la liturgia", decidió el miércoles 12 de enero la UB en una reunión con los representantes de la Iglesia.

Las autoridades decidieron construir una entrada directa a la capilla como medida de seguridad para los católicos que quieren asistir a Misa sin que los grupos de intolerantes los insulten ni agredan en el camino.

Según informó el diario ABC, pocos días antes de la visita del Papa Benedicto XVI a la ciudad condal en noviembre de 2010, un grupo de estudiantes "laicistas-progresistas" intentaron boicotear una de las misas universitarias. A partir del altercado, las ceremonias fueron oficiadas bajo protección policial.

El 15 de diciembre del pasado año, 40 estudiantes irrumpieron en el recinto universitario para impedir la celebración. "Es lamentable que se den estas situaciones de boicot", porque impiden a las personas "expresar libremente sus creencias y eso no puede permitirse", indicó el sacerdote Mosén Lluís Ramis, uno de los dos profesores encargados de oficiar la misa en la capilla. "Lo que ocurre muchos miércoles aquí no tiene ninguna justificación", añadió al diario ABC.

La universidad mantiene un convenio desde 1988 con el Arzobispado de Barcelona por el cual se compromete a proporcionar un espacio académico de culto católico a los fieles universitarios.

"El artículo 18 de la Ley de Derechos Humanos y la propia Constitución garantizan ese derecho al ciudadano", agregó el Padre Ramis.

Los atentados contra la capilla de la UB demuestran la agresividad e intolerancia del movimiento estudiantil progresista. Los alumnos católicos se sienten acosados y temen que se produzca una agresión física. "A una de las profesoras la zarandearon y a muchos de nosotros nos increpan cada Misa", indicó uno de los alumnos afectados al diario.

Tras la suspensión de las Misas, la Universidad catalana ha puesto trabas a quienes deseen llegar a la capilla. Los fieles deben identificarse y pedir permiso al decanato o al rectorado. A pesar de estas medidas, algunos profesores aseguran no haber logrado el acceso.

El director de la Pastoral Juvenil de Barcelona, Mons. Joaquim Vidal, en declaraciones a la plataforma cívica Hazteoir.org, explicó que frente a las violentas amenazas, "nos mantenemos expectantes, es un problema de difícil solución, y si se producen más incidentes veremos qué medidas pediremos a la Universidad".

El grupo de protesta está formado por unos 40 estudiantes y un reducido grupo de profesores. "Han conseguido del rectorado todo lo que se han propuesto hasta ahora. Primero cerrar la capilla y después ponérnoslo difícil para rezar. Es intolerable", declaró una de las docentes acosadas a ABC.

Los alumnos "anti-capilla" exigen a la Universidad que se abra al debate público la validez de la cesión de espacios universitarios al culto religioso y que se detenga la actividad religiosa dentro de la universidad. Los estudiantes católicos enviaron una carta de denuncia al rectorado.

Según indicó el diario ABC, aún no obtienen respuesta. "Los cristianos son como ratas: apunta bien", es una de las pintas que podía leerse en la universidad catalana.



miércoles, 26 de enero de 2011

El Político Católico, Laicismo y Cristianismo - Mons. Giampaolo Crepaldi

El Político Católico, Laicismo y Cristianismo
Monseñor Giampaolo Crepaldi *


ROMA, martes 25 de enero de 2011 (ZENIT.org).- [...] Hoy se tiende a considerar el laicismo como neutralidad del espacio público respecto de los absolutos religiosos. Un espacio en el que los absolutos religiosos no deberían intervenir por dos motivos: el primero, porque en una democracia no habría sitio para los absolutos; en segundo lugar porque los absolutos religiosos serían irracionales, mientas que el espacio público se debería alimentar de un discurso racional. Sucede que este espacio permanecería desnudo y en este desnudo se crearía sitio para nuevos absolutos enemigos del hombre, para nuevos dioses.

Pero examinemos antes que nada los dos principios vistos hasta ahora: ¿la democracia es incompatible con los principios absolutos?. ¿La religión es irracional?. No es verdad que la democracia presuponga el relativismo moral y religioso como no es verdad que los principios absolutos sean por fuerza violentos y opresivos. Sin embargo se podría decir lo contrario. La falta de referentes absolutos genera una lucha de todos contra todos donde tiene razón quien es más fuerte. También la democracia se arriesga a reducirse a la fuerza de la mayoría. Por ésto existe la necesidad de que los ciudadanos crean en principios absolutos, como por ejemplo la dignidad de cada persona humana, la libertad, la justicia y demás. Por otro lado la democracia se convierte en sólo un procedimiento, pero éstos se pueden cambiar fácilmente si no están llenas de la sustancia.

La sustancia de la democracia no es el procedimiento, sino que es la dignidad de la persona que se debería considerar un valor absoluto. ¿Y cómo se puede considerar un valor absoluto si no se basa en Dios?. Como bien había observado Tocqueville con respecto a la joven democracia americana, la religión está estrechamente conectada con la libertad, y la libertad puede disminuir incluso en los regímenes democráticos.

Pasamos al segundo punto: ¿la religión es irracional?. No hay duda de que existen formas de religión irracionales total o parcialmente. Pero el cristianismo no lo es.

Existen las religiones del mito, que entienden la divinidad como una unión de fuerzas oscuras e indescifrables, arbitrarias y extrañas, que la religión busca hacerse aliadas. Están también las religiones del Logos, como la judío-cristiana, que cree en un Dios que es Verdad y Amor.

Esta religión es razonable, no contradice ninguna verdad racional, sino que incluso se vincula a ellas complementándolas y no exige al hombre la renuncia de todo aquello que lo hace verdaderamente hombre, para ser cristiano. No es por tanto aceptable la idea de que la religión, sea cual sea, es, por su naturaleza, irracional, seguro que esto no vale para el cristianismo. No obstante esto, muchos entienden el laicismo como neutralidad, como una expulsión de la religión del espacio público. La idea de quitar la festividad de la navidad, de impedir que se expongan símbolos religiosos en espacios públicos, de ejercer de misioneros, o sea de hacer pública a otros la propia fe porque sería un atentado a la libertad de religión y demás, son algunas expresiones de esta idea de laicismo como espacio neutro, querida sobre todo por el modelo francés. En estos casos no se demuestra absolutamente la mencionada neutralidad.

Una pared sin un crucifijo no es neutro, es una pared sin crucifijo. Un espacio público sin Dios no es neutro, sino que no tiene a Dios. El estado que impide a toda religión manifestarse en público, quizás con la excusa de defender la libertad de religión, no es neutro en cuanto que se posiciona de parte del laicismo o del ateísmo y se toma la responsabilidad de relegar a la religión al ámbito privado. En muchos casos nace la religión del estado, la religión de la antirreligión.

Entre la presencia o la ausencia de Dios en el espacio público no hay término medio, no existen posiciones neutrales. Eliminar a Dios del espacio público significa construir un mundo sin Dios. Cualquiera distingue entre laicismo fuerte y débil. El primero se limitaría a admitir en el espacio público todas las opciones, comprendida la no religiosa; la segunda admite también formas de oposición a la religión. Pero esta distinción no convence, en cuanto que un mundo sin Dios es ya un mundo contra Dios. Excluir a Dios, aunque no se le combata, significa construir un mundo sin referencias a Él.

Por este motivo, el político católico no puede admitir ni colaborar con el laicismo entendido como neutralidad, porque verá trabajar a una nueva razón del estado que, perjudicando la religión, se hará daño también a sí misma. El político católico se opondrá, sea por razones religiosas, de las que no se puede separar, sea por razones políticas, es decir para impedir que nazca una nueva religión del estado perjudicial para la libertad de las personas.




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* Monseñor Giampaolo Crepaldi es arzobispo de Trieste, presidente de la Comisión “Caritas in veritate” del Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE) y presidente del Observatorio Internacional “Cardenal Van Thuan” sobre Doctrina Social de la Iglesia.


[Traducido del italiano por Carmen Álvarez]



martes, 11 de enero de 2011

Religión no es problema ni factor de conflicto para sociedad, dice el Papa Benedicto

Religión no es problema ni factor de conflicto para sociedad, dice el Papa Benedicto


VATICANO, 10 Ene. 11 (ACI).- Al referirse a la situación de la libertad religiosa en Occidente, el Papa Benedicto XVI dijo que "la religión no constituye un problema para la sociedad, no es un factor de perturbación o de conflicto".

Así lo indicó el Santo Padre en su tradicional discurso anual al Cuerpo Diplomático esta mañana en el Vaticano, ante quienes resaltó que la Iglesia Católica "no busca privilegios, ni quiere intervenir en cuestiones extrañas a su misión, sino simplemente cumplirla con libertad. Invito a cada uno a reconocer la gran lección de la historia".

"En este sentido, la figura de la Beata Madre Teresa de Calcuta es emblemática: el centenario de su nacimiento se ha celebrado en Tirana, en Skopje, en Pristina, así como en India; le han rendido un vibrante homenaje, no sólo la Iglesia, sino también las autoridades civiles y los jefes religiosos, sin contar personas de todas las confesiones. Ejemplos como el suyo muestran al mundo cuánto puede beneficiar a la sociedad el compromiso que nace de la fe".

El Papa exhortó luego a que "ninguna sociedad humana se prive voluntariamente de la contribución fundamental que constituyen las personas y las comunidades religiosas. Como recuerda el Concilio Vaticano II, la sociedad, asegurando plenamente a todos la justa libertad religiosa, podrá así gozar 'de los bienes de la justicia y de la paz que dimanan de la fidelidad de los hombres a Dios y a su santa voluntad' ".


Religión es esencial en la vida pública

El Papa advirtió luego que diversos países de Occidente conceden una "gran importancia al pluralismo y la tolerancia, pero donde la religión sufre una marginación creciente. Se tiende a considerar la religión, toda religión, como un factor sin importancia, extraño a la sociedad moderna o incluso desestabilizador, y se busca por diversos medios impedir su influencia en la vida social".

"Se llega así a exigir que los cristianos ejerzan su profesión sin referencia a sus convicciones religiosas o morales, e incluso en contradicción con ellas, como, por ejemplo, allí donde están en vigor leyes que limitan el derecho a la objeción de conciencia de los profesionales sanitarios o de algunos profesionales del derecho".

Otra manifestación de marginación de la religión y, en particular, del cristianismo, dijo luego el Santo Padre, "consiste en desterrar de la vida pública fiestas y símbolos religiosos, por respeto a los que pertenecen a otras religiones o no creen. De esta manera, no sólo se limita el derecho de los creyentes a la expresión pública de su fe, sino que se cortan las raíces culturales que alimentan la identidad profunda y la cohesión social de muchas naciones".

"Reconocer la libertad religiosa significa, además, garantizar que las comunidades religiosas puedan trabajar libremente en la sociedad, con iniciativas en el ámbito social, caritativo o educativo. Por otra parte, se puede constatar por todo el mundo la fecunda labor de la Iglesia católica en estos ámbitos".

Es preocupante, continuó el Papa, "que este servicio que las comunidades religiosas ofrecen a toda la sociedad, en particular mediante la educación de las jóvenes generaciones, sea puesto en peligro u obstaculizado por proyectos de ley que amenazan con crear una especie de monopolio estatal en materia escolástica, como se puede constatar por ejemplo en algunos países de América Latina".

"Continuando mi reflexión, no puedo dejar de mencionar otra amenaza a la libertad religiosa de las familias en algunos países europeos, allí donde se ha impuesto la participación a cursos de educación sexual o cívica que transmiten una concepción de la persona y de la vida pretendidamente neutra, pero que en realidad reflejan una antropología contraria a la fe y a la justa razón".

"Todavía menos justificables son los intentos de oponer al derecho a la libertad religiosa unos derechos pretendidamente nuevos, promovidos activamente por ciertos sectores de la sociedad e incluidos en las legislaciones nacionales o en directivas internacionales, pero que no son, en realidad, más que la expresión de deseos egoístas que no encuentran fundamento en la auténtica naturaleza humana".

"Por eso, mientras formulo votos para que este nuevo año sea rico en concordia y en un progreso real, exhorto a todos, responsables políticos, jefes religiosos y personas de toda clase, a emprender con determinación el camino hacia una paz auténtica y estable, que pase por el respeto del derecho a la libertad religiosa en toda su amplitud", concluyó.


Para leer el discurso completo ingrese a:



sábado, 1 de enero de 2011

“La libertad religiosa, camino de la paz”

“La libertad religiosa, camino de la paz”
El mensaje del Papa para la Jornada de la Paz 2011 en 48 frases


1.- Se puede constatar con dolor que en algunas regiones del mundo la profesión y expresión de la propia religión comporta un riesgo para la vida y la libertad personal. En otras regiones, se dan formas más silenciosas y sofisticadas de prejuicio y de oposición hacia los creyentes y los símbolos religiosos.

2.- Los cristianos son actualmente el grupo religioso que sufre el mayor número de persecuciones a causa de su fe. Muchos sufren cada día ofensas y viven frecuentemente con miedo por su búsqueda de la verdad, su fe en Jesucristo y por su sincero llamamiento a que se reconozca la libertad religiosa.

3.- Todo esto no se puede aceptar, porque constituye una ofensa a Dios y a la dignidad humana; además es una amenaza a la seguridad y a la paz, e impide la realización de un auténtico desarrollo humano integral.

4.- En la libertad religiosa se expresa la especificidad de la persona humana, por la que puede ordenar la propia vida personal y social a Dios, a cuya luz se comprende plenamente la identidad, el sentido y el fin de la persona. Negar o limitar de manera arbitraria esa libertad, significa cultivar una visión reductiva de la persona humana, oscurecer el papel público de la religión; significa generar una sociedad injusta, que no se ajusta a la verdadera naturaleza de la persona humana; significa hacer imposible la afirmación de una paz auténtica y estable para toda la familia humana.

5.- Por tanto, exhorto a los hombres y mujeres de buena voluntad a renovar su compromiso por la construcción de un mundo en el que todos puedan profesar libremente su religión o su fe, y vivir su amor a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente (cf. Mt 22, 37).

6.- El derecho a la libertad religiosa se funda en la misma dignidad de la persona humana, cuya naturaleza trascendente no se puede ignorar o descuidar. Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza (cf. Gn 1, 27). Por eso, toda persona es titular del derecho sagrado a una vida íntegra, también desde el punto de vista espiritual. Si no se reconoce su propio ser espiritual, sin la apertura a la trascendencia, la persona humana se repliega sobre sí misma, no logra encontrar respuestas a los interrogantes de su corazón sobre el sentido de la vida, ni conquistar valores y principios éticos duraderos, y tampoco consigue siquiera experimentar una auténtica libertad y desarrollar una sociedad justa.

7.- La libertad religiosa está en el origen de la libertad moral. En efecto, la apertura a la verdad y al bien, la apertura a Dios, enraizada en la naturaleza humana, confiere a cada hombre plena dignidad, y es garantía del respeto pleno y recíproco entre las personas. Por tanto, la libertad religiosa se ha de entender no sólo como ausencia de coacción, sino antes aún como capacidad de ordenar las propias opciones según la verdad.

8.- Una libertad enemiga o indiferente con respecto a Dios termina por negarse a sí misma y no garantiza el pleno respeto del otro. Una voluntad que se cree radicalmente incapaz de buscar la verdad y el bien no tiene razones objetivas y motivos para obrar, sino aquellos que provienen de sus intereses momentáneos y pasajeros; no tiene una “identidad” que custodiar y construir a través de las opciones verdaderamente libres y conscientes.

9.- No puede, pues, reclamar el respeto por parte de otras “voluntades”, que también están desconectadas de su ser más profundo, y que pueden hacer prevalecer otras “razones” o incluso ninguna “razón”.

10.- La ilusión de encontrar en el relativismo moral la clave para una pacífica convivencia, es en realidad el origen de la división y negación de la dignidad de los seres humanos. Se comprende entonces la necesidad de reconocer una doble dimensión en la unidad de la persona humana: la religiosa y la social.

11.- A este respecto, es inconcebible que los creyentes «tengan que suprimir una parte de sí mismos –su fe- para ser ciudadanos activos. Nunca debería ser necesario renegar de Dios para poder gozar de los propios derechos».

12.- La familia fundada sobre el matrimonio, expresión de la unión íntima y de la complementariedad entre un hombre y una mujer, se inserta en este contexto como la primera escuela de formación y crecimiento social, cultural, moral y espiritual de los hijos, que deberían ver siempre en el padre y la madre el primer testimonio de una vida orientada a la búsqueda de la verdad y al amor de Dios.

13.- La familia, primera célula de la sociedad humana, sigue siendo el ámbito primordial de formación para unas relaciones armoniosas en todos los ámbitos de la convivencia humana, nacional e internacional. Éste es el camino que se ha de recorrer con sabiduría para construir un tejido social sólido y solidario, y preparar a los jóvenes para que, con un espíritu de comprensión y de paz, asuman su propia responsabilidad en la vida, en una sociedad libre.

14.- Cuando se reconoce la libertad religiosa, la dignidad de la persona humana se respeta en su raíz, y se refuerzan el ethos y las instituciones de los pueblos. Y viceversa, cuando se niega la libertad religiosa, cuando se intenta impedir la profesión de la propia religión o fe y vivir conforme a ellas, se ofende la dignidad humana, a la vez que se amenaza la justicia y la paz, que se fundan en el recto orden social construido a la luz de la Suma Verdad y Sumo Bien.

15.- La libertad religiosa significa también, en este sentido, una conquista de progreso político y jurídico. Es un bien esencial: toda persona ha de poder ejercer libremente el derecho a profesar y manifestar, individualmente o comunitariamente, la propia religión o fe, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, las publicaciones, el culto o la observancia de los ritos.

16.- No debería haber obstáculos si quisiera adherirse eventualmente a otra religión, o no profesar ninguna. En este ámbito, el ordenamiento internacional resulta emblemático y es una referencia esencial para los Estados, ya que no consiente ninguna derogación de la libertad religiosa, salvo la legítima exigencia del justo orden público.

17.- La libertad religiosa no es patrimonio exclusivo de los creyentes, sino de toda la familia de los pueblos de la tierra. Es un elemento imprescindible de un Estado de derecho; no se puede negar sin dañar al mismo tiempo los demás derechos y libertades fundamentales, pues es su síntesis y su cumbre. Es un «indicador para verificar el respeto de todos los demás derechos humanos».

18.- La libertad religiosa, como toda libertad, aunque proviene de la esfera personal, se realiza en la relación con los demás. Una libertad sin relación no es una libertad completa. La libertad religiosa no se agota en la simple dimensión individual, sino que se realiza en la propia comunidad y en la sociedad, en coherencia con el ser relacional de la persona y la naturaleza pública de la religión.

19.- Es innegable la aportación que las comunidades religiosas dan a la sociedad. Son muchas las instituciones caritativas y culturales que dan testimonio del papel constructivo de los creyentes en la vida social. Más importante aún es la contribución ética de la religión en el ámbito político. No se la debería marginar o prohibir, sino considerarla como una aportación válida para la promoción del bien común. En esta perspectiva, hay que mencionar la dimensión religiosa de la cultura, que a lo largo de los siglos se ha forjado gracias a la contribución social y, sobre todo, ética de la religión. Esa dimensión no constituye de ninguna manera una discriminación para los que no participan de la creencia, sino que más bien refuerza la cohesión social, la integración y la solidaridad.

20.- La instrumentalización de la libertad religiosa para enmascarar intereses ocultos, como por ejemplo la subversión del orden constituido, la acumulación de recursos o la retención del poder por parte de un grupo, puede provocar daños enormes a la sociedad. El fanatismo, el fundamentalismo, las prácticas contrarias a la dignidad humana, nunca se pueden justificar y mucho menos si se realizan en nombre de la religión. La profesión de una religión no se puede instrumentalizar ni imponer por la fuerza.

21.- ¿Cómo negar la aportación de las grandes religiones del mundo al desarrollo de la civilización? La búsqueda sincera de Dios ha llevado a un mayor respeto de la dignidad del hombre. Las comunidades cristianas, con su patrimonio de valores y principios, han contribuido mucho a que las personas y los pueblos hayan tomado conciencia de su propia identidad y dignidad, así como a la conquista de instituciones democráticas y a la afirmación de los derechos del hombre con sus respectivas obligaciones.

22.- También hoy, en una sociedad cada vez más globalizada, los cristianos están llamados a dar su aportación preciosa al fatigoso y apasionante compromiso por la justicia, al desarrollo humano integral y a la recta ordenación de las realidades humanas, no sólo con un compromiso civil, económico y político responsable, sino también con el testimonio de su propia fe y caridad.

23.- La exclusión de la religión de la vida pública, priva a ésta de un espacio vital que abre a la trascendencia. Sin esta experiencia primaria resulta difícil orientar la sociedad hacia principios éticos universales, así como al establecimiento de ordenamientos nacionales e internacionales en que los derechos y libertades fundamentales puedan ser reconocidos y realizados plenamente, conforme a lo propuesto en los objetivos de la Declaración Universal de los derechos del hombre de 1948, aún hoy por desgracia incumplidos o negados.

24.- La misma determinación con la que se condenan todas las formas de fanatismo y fundamentalismo religioso ha de animar la oposición a todas las formas de hostilidad contra la religión, que limitan el papel público de los creyentes en la vida civil y política.

25.- No se ha de olvidar que el fundamentalismo religioso y el laicismo son formas especulares y extremas de rechazo del legítimo pluralismo y del principio de laicidad. En efecto, ambos absolutizan una visión reductiva y parcial de la persona humana, favoreciendo, en el primer caso, formas de integrismo religioso y, en el segundo, de racionalismo.

26.- La sociedad que quiere imponer o, al contrario, negar la religión con la violencia, es injusta con la persona y con Dios, pero también consigo misma. Dios llama a sí a la humanidad con un designio de amor que, implicando a toda la persona en su dimensión natural y espiritual, reclama una correspondencia en términos de libertad y responsabilidad, con todo el corazón y el propio ser, individual y comunitario.

27.- Las leyes y las instituciones de una sociedad no se pueden configurar ignorando la dimensión religiosa de los ciudadanos, o de manera que prescinda totalmente de ella. A través de la acción democrática de ciudadanos conscientes de su alta vocación, se han de conmensurar con el ser de la persona, para poder secundarlo en su dimensión religiosa. Al no ser ésta una creación del Estado, no puede ser manipulada, sino que más bien debe reconocerla y respetarla.

28.- El ordenamiento jurídico en todos los niveles, nacional e internacional, cuando consiente o tolera el fanatismo religioso o antirreligioso, no cumple con su misión, que consiste en la tutela y promoción de la justicia y el derecho de cada uno. Éstas últimas no pueden quedar al arbitrio del legislador o de la mayoría porque, como ya enseñaba Cicerón, la justicia consiste en algo más que un mero acto productor de la ley y su aplicación.

29.- El patrimonio de principios y valores expresados en una religiosidad auténtica es una riqueza para los pueblos y su ethos. Se dirige directamente a la conciencia y a la razón de los hombres y mujeres, recuerda el imperativo de la conversión moral, motiva el cultivo y la práctica de las virtudes y la cercanía hacia los demás con amor, bajo el signo de la fraternidad, como miembros de la gran familia humana.

30.- La dimensión pública de la religión ha de ser siempre reconocida, respetando la laicidad positiva de las instituciones estatales. Para dicho fin, es fundamental un sano diálogo entre las instituciones civiles y las religiosas para el desarrollo integral de la persona humana y la armonía de la sociedad.

31.- En un mundo globalizado, caracterizado por sociedades cada vez más multiétnicas y multiconfesionales, las grandes religiones pueden constituir un importante factor de unidad y de paz para la familia humana. Sobre la base de las respectivas convicciones religiosas y de la búsqueda racional del bien común, sus seguidores están llamados a vivir con responsabilidad su propio compromiso en un contexto de libertad religiosa.

32.- El espacio público, que la comunidad internacional pone a disposición de las religiones y su propuesta de “vida buena”, favorece el surgir de un criterio compartido de verdad y de bien, y de un consenso moral, fundamentales para una convivencia justa y pacífica.

33.- Los líderes de las grandes religiones, por su papel, su influencia y su autoridad en las propias comunidades, son los primeros en ser llamados a vivir en el respeto recíproco y en el diálogo.

34.- Los cristianos, por su parte, están llamados por la misma fe en Dios, Padre del Señor Jesucristo, a vivir como hermanos que se encuentran en la Iglesia y colaboran en la edificación de un mundo en el que las personas y los pueblos «no harán daño ni estrago […], porque está lleno el país de la ciencia del Señor, como las aguas colman el mar» (Is 11, 9).

35.- El diálogo entre los seguidores de las diferentes religiones constituye para la Iglesia un instrumento importante para colaborar con todas las comunidades religiosas al bien común. La Iglesia no rechaza nada de lo que en las diversas religiones es verdadero y santo.

36.- La política y la diplomacia deberían contemplar el patrimonio moral y espiritual que ofrecen las grandes religiones del mundo, para reconocer y afirmar aquellas verdades, principios y valores universales que no pueden negarse sin negar la dignidad de la persona humana.

37.- Pero, ¿qué significa, de manera práctica, promover la verdad moral en el mundo de la política y de la diplomacia? Significa actuar de manera responsable sobre la base del conocimiento objetivo e íntegro de los hechos; quiere decir desarticular aquellas ideologías políticas que terminan por suplantar la verdad y la dignidad humana, y promueven falsos valores con el pretexto de la paz, el desarrollo y los derechos humanos; significa favorecer un compromiso constante para fundar la ley positiva sobre los principios de la ley natural.

38.- Todo esto es necesario y coherente con el respeto de la dignidad y el valor de la persona humana, ratificado por los Pueblos de la tierra en la Carta de la Organización de las Naciones Unidas de 1945, que presenta valores y principios morales universales como referencia para las normas, instituciones y sistemas de convivencia en el ámbito nacional e internacional.

39.- A pesar de las enseñanzas de la historia y el esfuerzo de los Estados, las Organizaciones internacionales a nivel mundial y local, de las Organizaciones no gubernamentales y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, que cada día se esfuerzan por tutelar los derechos y libertades fundamentales, se siguen constatando en el mundo persecuciones, discriminaciones, actos de violencia y de intolerancia por motivos religiosos.

40.- Particularmente en Asia y África, las víctimas son principalmente miembros de las minorías religiosas, a los que se les impide profesar libremente o cambiar la propia religión a través de la intimidación y la violación de los derechos, de las libertades fundamentales y de los bienes esenciales, llegando incluso a la privación de la libertad personal o de la misma vida.

41.- Como ya he afirmado, se dan también formas más sofisticadas de hostilidad contra la religión, que en los Países occidentales se expresan a veces renegando de la historia y de los símbolos religiosos, en los que se reflejan la identidad y la cultura de la mayoría de los ciudadanos. Son formas que fomentan a menudo el odio y el prejuicio, y no coinciden con una visión serena y equilibrada del pluralismo y la laicidad de las instituciones, además del riesgo para las nuevas generaciones de perder el contacto con el precioso patrimonio espiritual de sus Países.

42.- La defensa de la religión pasa a través de la defensa de los derechos y de las libertades de las comunidades religiosas. Que los líderes de las grandes religiones del mundo y los responsables de las naciones, renueven el compromiso por la promoción y tutela de la libertad religiosa, en particular, por la defensa de las minorías religiosas, que no constituyen una amenaza contra la identidad de la mayoría, sino que, por el contrario, son una oportunidad para el diálogo y el recíproco enriquecimiento cultural. Su defensa representa la manera ideal para consolidar el espíritu de benevolencia, de apertura y de reciprocidad con el que se tutelan los derechos y libertades fundamentales en todas las áreas y regiones del mundo.

43.- Me dirijo a las comunidades cristianas que sufren persecuciones, discriminaciones, actos de violencia e intolerancia, en particular en Asia, en África, en Oriente Medio y especialmente en Tierra Santa, lugar elegido y bendecido por Dios. A la vez que les renuevo mi afecto paterno y les aseguro mi oración, pido a todos los responsables que actúen prontamente para poner fin a todo atropello contra los cristianos que viven en esas regiones. Que los discípulos de Cristo no se desanimen ante las adversidades actuales, porque el testimonio del Evangelio es y será siempre un signo de contradicción.

44.- Meditemos en nuestro corazón las palabras del Señor Jesús: «Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados […]. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo» (Mt 5, 5-12). Renovemos, pues, «el compromiso de indulgencia y de perdón que hemos adquirido, y que invocamos en el Pater Noster, al poner nosotros mismos la condición y la medida de la misericordia que deseamos obtener: “Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores” (Mt 6, 12)».

45.- La violencia no se vence con la violencia. Que nuestro grito de dolor vaya siempre acompañado por la fe, la esperanza y el testimonio del amor de Dios. Expreso también mi deseo de que en Occidente, especialmente en Europa, cesen la hostilidad y los prejuicios contra los cristianos, por el simple hecho de que intentan orientar su vida en coherencia con los valores y principios contenidos en el Evangelio. Que Europa sepa más bien reconciliarse con sus propias raíces cristianas, que son fundamentales para comprender el papel que ha tenido, que tiene y que quiere tener en la historia; de esta manera, sabrá experimentar la justicia, la concordia y la paz, cultivando un sincero diálogo con todos los pueblos.

46.- El mundo tiene necesidad de Dios. Tiene necesidad de valores éticos y espirituales, universales y compartidos, y la religión puede contribuir de manera preciosa a su búsqueda, para la construcción de un orden social justo y pacífico, a nivel nacional e internacional.

47.- La paz es un don de Dios y al mismo tiempo un proyecto que realizar, pero que nunca se cumplirá totalmente. Una sociedad reconciliada con Dios está más cerca de la paz, que no es la simple ausencia de la guerra, ni el mero fruto del predominio militar o económico, ni mucho menos de astucias engañosas o de hábiles manipulaciones. La paz, por el contrario, es el resultado de un proceso de purificación y elevación cultural, moral y espiritual de cada persona y cada pueblo, en el que la dignidad humana es respetada plenamente.

48.- La libertad religiosa es un arma auténtica de la paz, con una misión histórica y profética. En efecto, ella valoriza y hace fructificar las más profundas cualidades y potencialidades de la persona humana, capaces de cambiar y mejorar el mundo. Ella permite alimentar la esperanza en un futuro de justicia y paz, también ante las graves injusticias y miserias materiales y morales. Que todos los hombres y las sociedades, en todos los ámbitos y ángulos de la Tierra, puedan experimentar pronto la libertad religiosa, camino para la paz.








miércoles, 22 de diciembre de 2010

Gobierno hace de España un "laboratorio de secularización", advierte experto

Gobierno hace de España un "laboratorio de secularización", advierte experto


MADRID, 21 Dic. 10 (ACI).- El director del Centro Europeo para la Ley y la Justicia (ECLJ), Grégor Puppinck, advirtió sobre la fobia anticristiana que se expande en el continente y señaló que España es ahora "un laboratorio en el que el Gobierno (socialista) está ensayando la secularización".

Puppinck se reunió con Profesionales por la Ética (PPE), el 13 de diciembre, donde abordó el caso de Soile Lautsi, la mujer italiana que en 2002 demandó al Gobierno italiano ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, al considerar que la presencia de cruces en la escuela pública donde estudiaban sus dos hijos violaba sus derechos porque supuestamente se les imponía una determinada presencia religiosa.

Según PPE, el experto indicó que esta demanda, así como la imposición de Educación para la Ciudadanía en España, son ensayos de minorías que quieren secularizar la sociedad "a golpe de sentencia y de leyes". "Son batallas emblemáticas que debemos librar e intentar ganar también en los tribunales, aunque la lucha es de naturaleza espiritual, mucho más profunda", advirtió.

En ese sentido, destacó la posición de 21 estados europeos a favor de la presencia de las cruces en los espacios públicos. Puppinck dijo que la decisión final "influirá en la ley de libertad religiosa que se prepara en España".

Aunque en noviembre de 2009 la corte de Estrasburgo falló a favor de la mujer, el Gobierno italiano apeló la sentencia y ahora la decisión recae sobre los 17 jueces que componen la Gran Cámara del Tribunal de Estrasburgo.

El director del ECLJ defendió la presencia de la religión en la vida pública de los países, pues "la democracia necesita de la religión para mantener vivos los valores seculares sobre los que se basa".

"Los valores cristianos, de los que tanto quiere desprenderse Europa, suponen un pilar fundamental para la democracia, pues una democracia sin valores, no es una democracia legítima", afirmó.

Lamentó que los medios de comunicación refuercen a menudo ciertos prejuicios o burlas contra los cristianos. "Las ofensas también se expanden en el ámbito cultural y político, numerosas obras de teatro y de arte se mofan de los símbolos y prácticas cristianas, incluso hay políticos que se permiten la licencia de bromear con los símbolos cristianos en público", señaló.

Sin embargo, Puppinck advirtió que los valores de Occidente no pueden separarse de su raíz cristiana. Indicó que hacer que un país renuncie a su identidad es violencia y por ello llamó a derrotar esta tendencia con las armas legales, porque "Europa no puede afrontar el porvenir renunciando a sus raíces cristianas".


La intervención de Puppinck sobre la competencia entre civilizaciones puede verse en


Su diálogo sobre el caso de España se encuentra en



viernes, 17 de diciembre de 2010

La libertad religiosa es de todos, no sólo para los creyentes, dice el Papa

La libertad religiosa es de todos, no sólo para los creyentes, dice el Papa
Benedicto XVI enumera los ingredientes de la “laicidad positiva”


CIUDAD DEL VATICANO, jueves 16 de diciembre de 2010 (ZENIT.org).- El Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, que ha sido hecho público hoy en rueda de prensa por el cardenal Peter Kowdo Appiah Turkson, contiene los “ingredientes” para una comprensión de la “laicidad positiva”, tan importante para Benedicto XVI.

De hecho, la cuestión de la “laicidad positiva”, o bien, de cuál es la correcta separación e interacción entre los poderes públicos y la religión, ha sido un tema central en los viajes a Estados Unidos, Francia, Inglaterra, etc. También se su discurso a la ONU, el 18 de abril de 2008.

Esta “laicidad positiva” consiste en la recta comprensión del derecho a la libertad religiosa, afirma el Papa, y en el subsiguiente papel del Estado en promover y respetar esa libertad fundamental.

El Papa se basa en su mensaje en dos documentos conciliares, la Declaración sobre la libertad religiosa Dignitatis humanae, y la Declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas Nostra aetate.

La libertad religiosa, afirma el Papa, esta contenida dentro del mismo derecho a la vida, y es por tanto un derecho fundamental: “toda persona es titular del derecho sagrado a una vida íntegra, también desde el punto de vista espiritual”.

La dignidad trascendente de la persona capaz “de trascender la propia materialidad y buscar la verdad, ha de ser reconocida como un bien universal, indispensable para la construcción de una sociedad orientada a la realización y plenitud del hombre”, afirma el Papa.

Es más, la libertad religiosa “está en el origen de la libertad moral”, y debe entenderse “no sólo como ausencia de coacción, sino antes aún como capacidad de ordenar las propias opciones según la verdad”.

Por esto, entre libertad y respeto “hay un vínculo inseparable”, e igualmente “una libertad enemiga o indiferente con respecto a Dios termina por negarse a sí misma y no garantiza el pleno respeto del otro”.

“La ilusión de encontrar en el relativismo moral la clave para una pacífica convivencia, es en realidad el origen de la división y negación de la dignidad de los seres humanos”, subraya el Papa. “Es inconcebible que los creyentes tengan que suprimir una parte de sí mismos –su fe- para ser ciudadanos activos. Nunca debería ser necesario renegar de Dios para poder gozar de los propios derechos”.


Religión y sociedad

El Papa insiste en que cuando se niega la libertad religiosa, “cuando se intenta impedir la profesión de la propia religión o fe y vivir conforme a ellas, se ofende la dignidad humana, a la vez que se amenaza la justicia y la paz, que se fundan en el recto orden social”.

Esta libertad religiosa, que es “una conquista de progreso político y jurídico”, consiste en el libre ejercicio del derecho a profesar y manifestar, individualmente o comunitariamente, la propia religión o fe, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, las publicaciones, el culto o la observancia de los ritos.

Además, subraya el Papa, “no debería haber obstáculos si quisiera adherirse eventualmente a otra religión, o no profesar ninguna”.

“La libertad religiosa no es patrimonio exclusivo de los creyentes, sino de toda la familia de los pueblos de la tierra. Es un elemento imprescindible de un Estado de derecho; no se puede negar sin dañar al mismo tiempo los demás derechos y libertades fundamentales, pues es su síntesis y su cumbre”.

Esta libertad “no se agota en la simple dimensión individual, sino que se realiza en la propia comunidad y en la sociedad, en coherencia con el ser relacional de la persona y la naturaleza pública de la religión”.

La dimensión pública de la religión ha de ser siempre reconocida, respetando la laicidad positiva de las instituciones estatales. Para dicho fin, es fundamental un sano diálogo entre las instituciones civiles y las religiosas para el desarrollo integral de la persona humana y la armonía de la sociedad”.

El Papa advierte también contra “la instrumentalización de la libertad religiosa para enmascarar intereses ocultos, como por ejemplo la subversión del orden constituido, la acumulación de recursos o la retención del poder por parte de un grupo”.

“El fanatismo, el fundamentalismo, las prácticas contrarias a la dignidad humana, nunca se pueden justificar y mucho menos si se realizan en nombre de la religión. La profesión de una religión no se puede instrumentalizar ni imponer por la fuerza”, añade.


Ni fundamentalismo ni laicismo

En el punto 8 del mensaje, el Papa explicita en qué consiste, desde esta “laicidad positiva”, el papel del Estado respecto a la libertad religiosa: garantizar “el legítimo pluralismo y el principio de laicidad”, frente al fundamentalismo religioso y el laicismo.

Ambas posturas, afirma el Papa, “absolutizan una visión reductiva y parcial de la persona humana, favoreciendo, en el primer caso, formas de integrismo religioso y, en el segundo, de racionalismo”.

“La sociedad que quiere imponer o, al contrario, negar la religión con la violencia, es injusta con la persona y con Dios, pero también consigo misma”.

“Dios llama a sí a la humanidad con un designio de amor que, implicando a toda la persona en su dimensión natural y espiritual, reclama una correspondencia en términos de libertad y responsabilidad, con todo el corazón y el propio ser, individual y comunitario”.

Por eso, “las leyes y las instituciones de una sociedad no se pueden configurar ignorando la dimensión religiosa de los ciudadanos, o de manera que prescinda totalmente de ella”.

La dimensión religiosa de la persona, “al no ser una creación del Estado, no puede ser manipulada, sino que más bien debe ser reconocida y respetada”.

“El ordenamiento jurídico en todos los niveles, nacional e internacional, cuando consiente o tolera el fanatismo religioso o antirreligioso, no cumple con su misión, que consiste en la tutela y promoción de la justicia y el derecho de cada uno”, subraya el Papa.

No reconocer esta dimensión, en resumen, “expone a la sociedad al riesgo de totalitarismos políticos e ideológicos, que enfatizan el poder público, mientras se menoscaba y coarta la libertad de conciencia, de pensamiento y de religión, como si fueran rivales”.


Diálogo interreligioso

Precisamente por reconocer este papel público de la religión, los creyentes “están llamados a vivir con responsabilidad su propio compromiso en un contexto de libertad religiosa”.

“En las diversas culturas religiosas, a la vez que se debe rechazar todo aquello que va contra la dignidad del hombre y la mujer, se ha de tener en cuenta lo que resulta positivo para la convivencia civil”.

Por su parte, el Papa recuerda la doctrina conciliar de que la Iglesia “no rechaza nada de lo que en las diversas religiones es verdadero y santo”.

“Con eso no se quiere señalar el camino del relativismo o del sincretismo religioso”, pues la Iglesia “tiene la obligación de anunciar sin cesar a Cristo”, en quien “los hombres encuentran la plenitud de la vida religiosa”.

“Esto no excluye el diálogo y la búsqueda común de la verdad en los diferentes ámbitos vitales, pues, como afirma a menudo santo Tomás, «toda verdad, independientemente de quien la diga, viene del Espíritu Santo»”.



[Por Inma Álvarez]



viernes, 3 de diciembre de 2010

Persecución religiosa en la España actual‏ - Pedro L. Llera Vázquez

Persecución religiosa en la España actual‏
Pedro L. Llera Vázquez


El autor se cuestiona: ¿Prohibirán las procesiones de Semana Santa?, ¿Denunciarán el Concordato con la Santa Sede?, ¿Prohibirán los Colegios Católicos?, ¿Volverán a quemar templos?, ¿Y a fusilar católicos?... [Creemos que cualquier parecido con nuestra Argentina, no es pura casualidad]. Pero vayamos ahora al artículo en cuestión.


En el artículo anterior repasaba el panorama de las persecuciones a la Iglesia en el ámbito internacional: China, Corea del Norte, los países islámicos, los de mayoría budista, etcétera. Quisiera ahora reflexionar brevemente sobre la situación de la Iglesia en España. Resulta obvio que aquí, al menos por ahora, no se asesina a sacerdotes ni se queman iglesias. Eso forma parte de nuestra memoria. En los años treinta, España sufrió una de las mayores persecuciones religiosas de la historia. No es el caso en la actualidad.

Hoy por hoy, y desde la aprobación de la vigente constitución de 1978, España se constituye como un Estado aconfesional; es decir, que el Estado español no se identifica con ninguna religión, aunque se especifica que, por ser la católica la religión mayoritaria, se debe mantener una especial relación de colaboración con la Iglesia Católica. El Estado no es católico, pero sí lo somos la mayoría de los españoles y esa realidad debe ser respetada por las Instituciones de la Nación.

No obstante, en los últimos tiempos, el Gobierno socialista se ha empeñado en poner en marcha una auténtica cruzada contra la Iglesia. De la laicidad positiva, que considera que la religión es un hecho bueno y enriquecedor para la sociedad que se debe favorecer y apoyar, pasamos al laicismo agresivo que busca eliminar cualquier referencia religiosa de la vida pública.

Las medidas legislativas que se han ido aprobando en los últimos años en este sentido laicista son de todos conocidas:

1. Asignaturas adoctrinadoras, como Educación para la Ciudadanía, que pintan generalmente a la Iglesia como el malo de la película y plantean, de manera obligatoria y para todos (con exámenes y notas), contenidos abiertamente contrarios a la moral católica, sin tener en cuenta que las decisiones en este ámbito corresponden a los padres.

2. Leyes abiertamente contrarias a la familia, como la que legaliza el mal llamado matrimonio homosexual o la del “Divorcio Express”, que facilita el repudio sin tener que justificar motivo alguno para la ruptura.

3. Una ley del aborto que convierte el crimen abominable de la matanza de niños inocentes a la categoría de derecho de la mujer y que pretende igualmente pervertir a nuestros hijos en la promiscuidad y en la irresponsabilidad en el ámbito de la sexualidad, desde planteamientos hedonistas hasta la náusea.

4. La llamada Ley de la Memoria Histórica, que desde unos presupuestos maniqueos (en donde los católicos somos los malos, claro está), demagógicos y populistas, pretende llevar a cabo un revisionismo histórico sectario y mentiroso sobre lo sucedido en la Guerra Civil Española.

Pero el laicismo agresivo contra la Iglesia no se manifiesta sólo en las leyes. Va mucho más allá. Los ataques reiterados y ofensivos hacia los sentimientos religiosos de los católicos españoles desde los medios de comunicación afines al gobierno (intelectuales orgánicos y medios al servicio del poder) se repiten una y otra vez: exposiciones blasfemas; marchas del “Orgullo Gay” que aprovechan para ridiculizar a curas, monjas y obispos; programas de radio y televisión que no pierden ocasión de burlarse de la Iglesia; películas que presentan a los cristianos como bárbaros asesinos; otras que sirven de propaganda anticlerical o a favor de la eutanasia, etc. Y añadamos a todo lo anterior el intento permanente de eliminar crucifijos y símbolos religiosos del ámbito público con el pretexto de que “ofenden” a los no creyentes.

El cierre de la Basílica del Valle de los Caídos al culto constituye el último ataque a la libertad de este gobierno tan “tolerante” con todos menos con los católicos. Y lo hacen coincidir con la visita del Papa a España. El sectarismo de un Ejecutivo que gobierna contra más de la mitad de los Españoles no tiene parangón, al menos en Europa. Medidas legislativas y educativas contra los católicos, burlas, ridiculizaciones, blasfemias, demagogia, populismo de la peor calaña y mentiras descaradas contra la Iglesia y los católicos. Veamos algunas de estas mentiras:

1.- Los curas son todos unos pederastas o gente de moral dudosa. Es cierto que resultan escandalosos y reprobables los casos de pederastia entre clérigos y religiosos que se han destapado en los últimos años. Pero de ahí a extender la sospecha sobre la totalidad de los sacerdotes media un abismo. La mayoría de curas y religiosos son personas de una moralidad ejemplar y entregados en cuerpo y alma a su ministerio.

2.- La Iglesia es homófoba. Falso. La Iglesia respeta la dignidad de todo ser humano, independientemente de su tendencia sexual. Se condenan como pecado las prácticas homosexuales, pero no se cuestiona la dignidad de los homosexuales: se condena el pecado, pero no al pecador. Y, desde luego, nos parece una barbaridad que se persiga o se discrimine a los homosexuales o que, como ocurre en otras “culturas”, se les cuelgue en la plaza pública.

3.- La Iglesia es rica. El Vaticano está lleno de oro y de obras de arte. Otra mentira muy extendida. El Vaticano y sus obras de arte son patrimonio de todos los católicos (presentes, pasados y futuros): no del Papa. ¿Sería mejor vender la Capilla Sixtina?. ¿Quién iba a comprarla?. ¿Cuánto valor tiene?. La Iglesia es la Institución que más recursos destina a ayudar a los más necesitados del mundo. Caritas no es una organización al margen del Papa o de los obispos: es la Iglesia misma que, en España, hoy por hoy, está ayudando a más de 800.000 familias sin recursos. Esto, por no hablar de la labor de los misioneros en los países más pobres. Algunos piensan que la Iglesia de la Madre Teresa de Calcuta es otra distinta a la del Papa y eso sólo demuestra su ignorancia total de lo que es la Iglesia. Si no hubiera Papa ni obispos, tampoco existirían las Hermanitas de la Caridad. En la Iglesia hay distintos ministerios, distintas funciones y distintos carismas, pero la Iglesia es una. Y es el Santo Padre el que garantiza la unidad de todo el cuerpo eclesial del que formamos parte con igual dignidad todos los bautizados: cada uno en nuestro puesto y con nuestras características diferenciales y nuestras responsabilidades.

4.- El gobierno financia a la Iglesia y paga a los curas y obispos. Otra mentira más. La Iglesia se financia con la crucecita que los católicos ponemos en nuestra declaración de la renta y con los donativos que los fieles aportamos libremente para el sostenimiento de la Iglesia.

5.- Para la Iglesia, todo lo que tiene que ver con el sexo es pecado. Esta es otra mentira con mucho gancho. El sexo forma parte de la naturaleza del ser humano y, como cualquier realidad creada por Dios, es algo bueno y positivo. Pero para los católicos, las relaciones sexuales deben ir vinculadas a otros valores como el amor, la fidelidad o la familia. Lo que para nosotros resulta inadmisible es que se banalicen las relaciones sexuales y que se fomente la promiscuidad y el hedonismo zafio y ramplón entre nuestros niños y jóvenes, como una forma de alienación y de búsqueda irresponsable del placer a toda costa. O que se favorezca una imagen del hombre y de la mujer como pura mercancía sexual; o que se promueva la pederastia o las prácticas sexuales más aberrantes como si valiera todo, con tal de conseguir placer.

Con todas estas mentiras, con todas estas leyes beligerantemente anticatólicas, con este panorama que acabamos de presentar, ¿cómo va a acabar esto?. Primero se ríen de nosotros, luego legislan contra nosotros, nos ridiculizan, blasfeman, injurian; nos acusan de fascistas y de retrógrados. ¿Cuál es el siguiente paso?. ¿Prohibir las festividades católicas?. Los belenes ya están prohibidos en algunos colegios y las cruces ahora resultan “ofensivas” en las escuelas y hay que quitarlas. ¿Prohibirán las procesiones de Semana Santa?. ¿Denunciarán el Concordato con la Santa Sede?. ¿Prohibirán los Colegios Católicos?. ¿Les quitarán los conciertos?. ¿Cuánto tardarán en pasar de reírse de nosotros a la agresión violenta?. ¿Cuánto tardarán en surgir grupos de “radicales incontrolados” que traduzcan ese odio en violencia?. ¿Volverán a quemar templos?. ¿Y a fusilar católicos?. Ya veremos, pero no vamos por buen camino. Primero se siembra el odio hacia los católicos, luego se va a por ellos. ¿Estaría el Santo Padre tan equivocado cuando, en su reciente visita a España, se refirió al laicismo agresivo que se vive hoy en España?.


 




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