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lunes, 7 de febrero de 2011

La Colaboración entre Católicos y No Creyentes

La Colaboración entre Católicos y No Creyentes
Stefano Fontana


Conversación con monseñor Giampaolo Crepaldi, arzobispo de Trieste


TRIESTE, jueves 3 de febrero de 2011 (ZENIT.-org).- En el mundo de hoy hay una gran discusión entre laicos y creyentes, Estado e Iglesia, religión y secularización. Y no se trata solamente de las intervenciones eclesiásticas en lo referente a las políticas que regulan el Estado y la sociedad civil.

El tema de la relación entre el laicismo y la religión se ha vuelto más peliagudo, sobre todo cuando se habla de la amenaza del fundamentalismo islámico que no reconoce ninguna diferencia entre ambas.

Para profundizar en el tema, ZENIT entrevistó a monseñor Giampaolo Crepaldi, arzobispo de Trieste, presidente de la Comisión “Caritas in Veritate”, del Consejo de las Conferencias Episcopales Europeas (CCEE) y Presidente del Observatorio Internacional “Cardenal Van Thuan” sobre la Doctrina Social de la Iglesia.


- Excelencia, antes que nada, ¿qué quiere decir para usted el término “laico”?

Monseñor Crepaldi: Me parece que hoy en día esta palabra tiene cuatro significados. El primero es “no sacerdote” y “no religioso”. Quien no es sacerdote ni pertenece a una congregación de monjes, frailes o religiosas es laico. Mi madre y mi padre eran laicos.

En segundo lugar, se puede llamar laico a quien piensa que el ámbito político es autónomo de la religión, pero que al mismo tiempo pueda valerse de los recursos espirituales y morales de la religión, incluso que sienta necesidad de ellos, de otro modo la misma política se transformaría en una absoluto religioso.

Un tercer significado de laico se refiere a quien vive y razona sin tener en cuenta la religión, expresado con otras palabras sería indiferencia hacia la religión.

Y por último, hoy laico también puede significar anti-religioso, es decir que combate la religión, no la deja expresarse, no le da cabida en el espacio público.


- ¿Podría establecer una jerarquía entre estos significados? Según su opinión ¿cuál es el verdadero laicismo?

Monseñor Crepaldi: La primera definición no es un problema para nadie. Entre las otras tres quisiera decir que la más correcta es la primera (lo que equivale a la segunda del elenco mencionado), mientras que la segunda y la tercera son incorrectas, antes que nada desde el punto del laicismo. O sea que son formas de laicismo poco laicas.


- Entiendo que usted diga que quien combate la religión es poco laico, pero quien no la tiene en cuenta y es indiferente ¿no sería un auténtico laico?

Monseñor Crepaldi: Ya hay una exclusión de Dios en el ámbito público. Aunque si no la combato abiertamente, si afirmo que la organización de la sociedad no debe tener en cuenta mínimamente la dimensión religiosa sino que debe serle indiferente y por ejemplo, que es necesario quitar los símbolos religiosos, apostar por una instrucción escolástica que prescinda totalmente de la religión, que el obispo no puede manifestarse públicamente y que los católicos no pueden ejercer su presencia explícita en la sociedad o cosas de este tipo... digo que soy indiferente pero en realidad he hecho una elección basada en la exclusión.


- Por tanto, ¿no es posible no tomar una posición concreta respecto al problema de Dios?

Monseñor Crepaldi: No es posible. Y el laicismo que dice hacerlo posible es un engaño. El laicismo es el ejercicio de la razón y no del engaño. Se puede construir un mundo basado en Dios o no basado en Dios. No hay posibilidad para una tercera posibilidad. Basar un mundo en Dios, no quiere decir ser un integralista, significa reconocer la autonomía de las cosas humanas, pero verlas dentro de sus límites, y por tanto en su necesidad estructural de un suplemento de recursos para poder ser ellas mismas. Por este motivo un mundo sin Dios no significa crear un mundo neutral.


- Además hoy se dice que la cuestión de Dios viene después para quien se lo quiere plantear. Usted sin embargo dice está en primer lugar, en cuanto que es una cuestión que nadie puede eludir.

Monseñor Crepaldi: La cuestión de Dios es anterior a todas las demás y no existe nadie que no se la plantee. Esto sucede porque cuando conocemos la realidad, la encontramos enseguida necesitada de un fundamento, o sea que es incapaz de explicarse completamente por sí misma.

En esta percepción ya existe la idea, aunque muy general, de Dios, que nos acompaña para siempre. La idea de Dios no se une, por tanto, cuando ya hemos elaborado todas las demás.

El laico es aquel que usa la razón para organizar la propia vida, pero no para absolutizar la razón y que constituya su prisión, sino que mantiene abierta la pregunta, permanece disponible a un suplemento de sentido que la razón por sí misma no puede dar, pero al que nos remite, ya que en ella percibe una necesidad de estar completa que por sí misma no se puede dar.


- En este sentido entonces sólo es laico el que se mantiene abierto a Dios.

Monseñor Crepaldi: Creo que es exactamente así, y le daré dos ejemplos: El presidente francés Sarcozy, en su famosa intervención en San Juan de Letrán hace algún año, usó la expresión “laicismo positivo”. Quería expresar con este término una actitud positiva de apertura con respecto a la religión. El Papa Benedicto XVI demostró que apreciaba esta expresión y la empleó en su viaje a Francia hace dos años.

El segundo ejemplo es el siguiente: Joseph Ratzinger, en un discurso famoso que realizó cuando todavía era cardenal, invitó a los laicos a “vivir como si Dios existiese”. He aquí de nuevo el tema del laicismo positivo. Sería verdaderamente poco laico eliminar la duda: ¿y si Dios existe?. El creyente, cuya fe no está exenta de cierta incredulidad, pide al laico la misma honestidad intelectual, que también viva él con la duda laica: ¿estamos seguros de que Dios no existe?.


- ¿Y si el laico no lo hace?

Monseñor Crepaldi: Creo que entonces no es laico. Se convertiría en un dogmático y se dejaría llevar por un disgusto intolerante hacia la religión que lo haría incapaz de ver con objetividad su significado, la cambiaría por una superstición cialtronesca. De hecho la combatiría, naturalmente en nombre del laicismo, que se convertiría en la nueva religión de la antirreligión. Hoy hay muchos de ellos, son los laicos intolerantes.


- En una carta a los niños de su diócesis para la fiesta de San Nicolás, usted había afirmado, entre otras cosas, que los niños que viven en una familia en la que los padres están casados son afortunados. Por esto ha sido criticado por discriminar sea a los niños o a las familias. ¿Lo considera un ejemplo de laicismo intolerante?

Monseñor Crepaldi: El laicismo tolerante es aquel que permite a la Iglesia expresarse según su lógica y no decir cosas que corresponden a otras formas de pensar. La fe cristiana dice que el matrimonio no es sólo un contrato explícito o implícito, sino que es la construcción sacramental de una realidad nueva, que vivirá en la medida en que acepte ser vivificada por el Señor.

Esto no contradice al hecho de que, por desgracia, tantos matrimonios celebrados por la Iglesia humanamente fracasan; ni obliga a equiparar a todos los tipos de “familia”. No creo que sea tolerante criticar al obispo que dice que el verdadero modelo de familia es el cristiano, propuesto por Dios mismo en la Sagrada Familia de Nazareth vivido y enseñado por el Señor Jesús. Ni se puede impedir la afirmación de que nacer en una familia así, en la que el amor de los cónyuges tiene la impronta del amor de Dios por nosotros y de nosotros hacia Dios, sea una gran fortuna. Añado a este tema algo más, que esto debería ser considerado un derecho para todos los niños. Quien lo ha experimentado sabe que es una gran suerte. Decir que en este sentido el obispo hace una discriminación es ridículo: el amor de la Iglesia es para todos, pero no la exime de decir como están las cosas.


- Trieste está orgullosa de su tradición laica. ¿Hace bien?

Monseñor Crepaldi: Hace bien porque su laicismo es apertura a la convivencia, aceptación recíproca, diálogo amistoso y sin prejuicios, con ausencia de formas fundamentalistas. Pero se equivoca cuando alguna persona da a este laicismo otro significado: que la Verdad no existe, que la Iglesia no debe anunciar a Jesucristo como Verdad y Vida, que la Iglesia no debe evangelizar ni rezar para que las conversiones aumenten, cuando critica al anuncio llamándolo proselitismo. O también se equivoca cuando se le quiere poner al obispo una mordaza, o peor cuando le obliga a decir algo que todo el mundo quisiera oír, es decir lo que a todo el mundo le parece bien. No todo está bien: en la actualidad se han establecido formas de familia que no son un verdadero bien para los niños y que les hace sufrir, llevándoles de un lado a otro y cargando sus pobres espaldas con las irresponsabilidades de los adultos. No es verdadero laicismo el que prohíbe al obispo decir estas cosas.

La Iglesia pide obediencia a sus propios fieles, no a todos los hombres. A los demás la Iglesia pide respeto, considerando que desempeña un servicio para la humanidad, y que recupera valores morales y espirituales para el bien de la sociedad. Pedir respeto no es pedir privilegios. Por que nada ni nadie puede quitarle a la Iglesia su “pretensión”.


- ¿Qué pretensión?

Monseñor Crepaldi: La pretensión de tener la respuesta a las verdaderas necesidades del hombre. El laicismo debe respetar sobre todo esto: que la Iglesia tenga la posibilidad de proclamar totalmente su mensaje de salvación, que se refiere a la vida humana entera, pensando que de esta manera, se realiza un servicio a la persona humana. Por eso no se acepta mi crítica de que vivir en una familia cristiana vivificada por Cristo mismo y por su Espíritu es una gran fortuna, no se acepta que la Iglesia con su mensaje pueda hacer la vida más humana. La Iglesia nunca podrá aceptar esta intolerancia hacia ella.



[Traducido del italiano por Carmen Álvarez]



miércoles, 26 de enero de 2011

El Político Católico, Laicismo y Cristianismo - Mons. Giampaolo Crepaldi

El Político Católico, Laicismo y Cristianismo
Monseñor Giampaolo Crepaldi *


ROMA, martes 25 de enero de 2011 (ZENIT.org).- [...] Hoy se tiende a considerar el laicismo como neutralidad del espacio público respecto de los absolutos religiosos. Un espacio en el que los absolutos religiosos no deberían intervenir por dos motivos: el primero, porque en una democracia no habría sitio para los absolutos; en segundo lugar porque los absolutos religiosos serían irracionales, mientas que el espacio público se debería alimentar de un discurso racional. Sucede que este espacio permanecería desnudo y en este desnudo se crearía sitio para nuevos absolutos enemigos del hombre, para nuevos dioses.

Pero examinemos antes que nada los dos principios vistos hasta ahora: ¿la democracia es incompatible con los principios absolutos?. ¿La religión es irracional?. No es verdad que la democracia presuponga el relativismo moral y religioso como no es verdad que los principios absolutos sean por fuerza violentos y opresivos. Sin embargo se podría decir lo contrario. La falta de referentes absolutos genera una lucha de todos contra todos donde tiene razón quien es más fuerte. También la democracia se arriesga a reducirse a la fuerza de la mayoría. Por ésto existe la necesidad de que los ciudadanos crean en principios absolutos, como por ejemplo la dignidad de cada persona humana, la libertad, la justicia y demás. Por otro lado la democracia se convierte en sólo un procedimiento, pero éstos se pueden cambiar fácilmente si no están llenas de la sustancia.

La sustancia de la democracia no es el procedimiento, sino que es la dignidad de la persona que se debería considerar un valor absoluto. ¿Y cómo se puede considerar un valor absoluto si no se basa en Dios?. Como bien había observado Tocqueville con respecto a la joven democracia americana, la religión está estrechamente conectada con la libertad, y la libertad puede disminuir incluso en los regímenes democráticos.

Pasamos al segundo punto: ¿la religión es irracional?. No hay duda de que existen formas de religión irracionales total o parcialmente. Pero el cristianismo no lo es.

Existen las religiones del mito, que entienden la divinidad como una unión de fuerzas oscuras e indescifrables, arbitrarias y extrañas, que la religión busca hacerse aliadas. Están también las religiones del Logos, como la judío-cristiana, que cree en un Dios que es Verdad y Amor.

Esta religión es razonable, no contradice ninguna verdad racional, sino que incluso se vincula a ellas complementándolas y no exige al hombre la renuncia de todo aquello que lo hace verdaderamente hombre, para ser cristiano. No es por tanto aceptable la idea de que la religión, sea cual sea, es, por su naturaleza, irracional, seguro que esto no vale para el cristianismo. No obstante esto, muchos entienden el laicismo como neutralidad, como una expulsión de la religión del espacio público. La idea de quitar la festividad de la navidad, de impedir que se expongan símbolos religiosos en espacios públicos, de ejercer de misioneros, o sea de hacer pública a otros la propia fe porque sería un atentado a la libertad de religión y demás, son algunas expresiones de esta idea de laicismo como espacio neutro, querida sobre todo por el modelo francés. En estos casos no se demuestra absolutamente la mencionada neutralidad.

Una pared sin un crucifijo no es neutro, es una pared sin crucifijo. Un espacio público sin Dios no es neutro, sino que no tiene a Dios. El estado que impide a toda religión manifestarse en público, quizás con la excusa de defender la libertad de religión, no es neutro en cuanto que se posiciona de parte del laicismo o del ateísmo y se toma la responsabilidad de relegar a la religión al ámbito privado. En muchos casos nace la religión del estado, la religión de la antirreligión.

Entre la presencia o la ausencia de Dios en el espacio público no hay término medio, no existen posiciones neutrales. Eliminar a Dios del espacio público significa construir un mundo sin Dios. Cualquiera distingue entre laicismo fuerte y débil. El primero se limitaría a admitir en el espacio público todas las opciones, comprendida la no religiosa; la segunda admite también formas de oposición a la religión. Pero esta distinción no convence, en cuanto que un mundo sin Dios es ya un mundo contra Dios. Excluir a Dios, aunque no se le combata, significa construir un mundo sin referencias a Él.

Por este motivo, el político católico no puede admitir ni colaborar con el laicismo entendido como neutralidad, porque verá trabajar a una nueva razón del estado que, perjudicando la religión, se hará daño también a sí misma. El político católico se opondrá, sea por razones religiosas, de las que no se puede separar, sea por razones políticas, es decir para impedir que nazca una nueva religión del estado perjudicial para la libertad de las personas.




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* Monseñor Giampaolo Crepaldi es arzobispo de Trieste, presidente de la Comisión “Caritas in veritate” del Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE) y presidente del Observatorio Internacional “Cardenal Van Thuan” sobre Doctrina Social de la Iglesia.


[Traducido del italiano por Carmen Álvarez]



sábado, 8 de enero de 2011

Canciller alemana reclama protección para cristianos amenazados por fanatismo religioso

Canciller alemana reclama protección para cristianos amenazados por fanatismo religioso


BERLÍN, 07 Ene. 11 (ACI).- La canciller alemana Ángela Merkel repudió el atentado terrorista del 31 de diciembre contra una iglesia copta en Egipto, y reclamó protección para las minorías cristianas en los países donde se encuentran amenazadas por el fanatismo religioso, principalmente islámico.

La libertad religiosa "es un valor esencial, uno de los valores fundamentales de la política exterior alemana", y el Estado alemán busca la protección de la vida e integridad de las minorías religiosas "a nivel mundial", subrayó Merkel en declaraciones al diario Passauer Neuen Presse recogidas por la agencia EFE.

La canciller alemana afirmó que ninguna diferencia cultural puede justificar la violación de los derechos religiosos, especialmente considerando que la mayoría de países del mundo pertenecen a las Naciones Unidas y han firmado la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Merkel también señaló que si "defendemos con convencimiento nuestros valores", se conseguirá el respeto y reconocimiento mundial, a diferencia de hacerlo "de una manera avergonzada".



miércoles, 22 de diciembre de 2010

Gobierno hace de España un "laboratorio de secularización", advierte experto

Gobierno hace de España un "laboratorio de secularización", advierte experto


MADRID, 21 Dic. 10 (ACI).- El director del Centro Europeo para la Ley y la Justicia (ECLJ), Grégor Puppinck, advirtió sobre la fobia anticristiana que se expande en el continente y señaló que España es ahora "un laboratorio en el que el Gobierno (socialista) está ensayando la secularización".

Puppinck se reunió con Profesionales por la Ética (PPE), el 13 de diciembre, donde abordó el caso de Soile Lautsi, la mujer italiana que en 2002 demandó al Gobierno italiano ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, al considerar que la presencia de cruces en la escuela pública donde estudiaban sus dos hijos violaba sus derechos porque supuestamente se les imponía una determinada presencia religiosa.

Según PPE, el experto indicó que esta demanda, así como la imposición de Educación para la Ciudadanía en España, son ensayos de minorías que quieren secularizar la sociedad "a golpe de sentencia y de leyes". "Son batallas emblemáticas que debemos librar e intentar ganar también en los tribunales, aunque la lucha es de naturaleza espiritual, mucho más profunda", advirtió.

En ese sentido, destacó la posición de 21 estados europeos a favor de la presencia de las cruces en los espacios públicos. Puppinck dijo que la decisión final "influirá en la ley de libertad religiosa que se prepara en España".

Aunque en noviembre de 2009 la corte de Estrasburgo falló a favor de la mujer, el Gobierno italiano apeló la sentencia y ahora la decisión recae sobre los 17 jueces que componen la Gran Cámara del Tribunal de Estrasburgo.

El director del ECLJ defendió la presencia de la religión en la vida pública de los países, pues "la democracia necesita de la religión para mantener vivos los valores seculares sobre los que se basa".

"Los valores cristianos, de los que tanto quiere desprenderse Europa, suponen un pilar fundamental para la democracia, pues una democracia sin valores, no es una democracia legítima", afirmó.

Lamentó que los medios de comunicación refuercen a menudo ciertos prejuicios o burlas contra los cristianos. "Las ofensas también se expanden en el ámbito cultural y político, numerosas obras de teatro y de arte se mofan de los símbolos y prácticas cristianas, incluso hay políticos que se permiten la licencia de bromear con los símbolos cristianos en público", señaló.

Sin embargo, Puppinck advirtió que los valores de Occidente no pueden separarse de su raíz cristiana. Indicó que hacer que un país renuncie a su identidad es violencia y por ello llamó a derrotar esta tendencia con las armas legales, porque "Europa no puede afrontar el porvenir renunciando a sus raíces cristianas".


La intervención de Puppinck sobre la competencia entre civilizaciones puede verse en


Su diálogo sobre el caso de España se encuentra en



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