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miércoles, 30 de marzo de 2011

La dimensión religiosa genera cultura, historia e identidad

La dimensión religiosa genera cultura, historia e identidad


Lima (Perú), 29 Mar. 11 (AICA).- Los recientes fallos a favor del crucifijo tanto en Europa como en el Perú resaltan cómo la dimensión religiosa del hombre es generadora de cultura, historia e identidad nacional, afirmó el doctor Gonzalo Flores, abogado especialista en derecho eclesiástico y miembro del Consorcio Latinoamericano de Libertad Religiosa.

El doctor Flores hizo esta afirmación a la agencia católica del Perú, ACI Prensa, al ser consultado por ésta sobre la relación entre el fallo del 18 de marzo de la Corte Europea de Derechos Humanos de Estrasburgo a favor del crucifijo en las escuelas públicas y la sentencia del Tribunal Constitucional del Perú el 22 de marzo, en la que se indica que la Biblia y el crucifijo en espacios públicos no afectan a la laicidad del Estado ni a la libertad religiosa de las personas.

El jurista peruano dijo a ACI Prensa que "si bien estos son casos que se dieron en lugares distintos, uno en América y otro en Europa, lo que vale la pena destacar es que hay una toma de conciencia del valor que tienen los símbolos religiosos en la cultura".

miércoles, 2 de marzo de 2011

La Política no puede aceptar el Relativismo Religioso - Mons. Giampaolo Crepaldi

La Política no puede aceptar el Relativismo Religioso
Mons. Giampaolo Crepaldi *


ROMA, viernes 25 de febrero de 2011 (ZENIT.org).- La política no puede aceptar el relativismo religioso, que consiste en dar un espacio público a todas las religiones y a todas las prescripciones de todas las religiones. Prescripciones religiosas que impliquen amputaciones, sacrificios humanos, prostitución sagrada, segregación obligatoria de personas, disminución de la libertad personal, fundamentalismo religioso fanático, identidad fundamentalista entre ley religiosa y ley civil, violación de la dignidad de la mujer, acciones terroristas, poligamia o otras cosas similares, no deben ser aceptadas por la política.

Cuando la política acepta el relativismo religioso, o sea considera que todas las religiones son iguales y por tanto, en el fondo, son como una única religión, es porque la política ya ha aceptado el relativismo filosófico, es decir la idea de que no es posible conocer ninguna verdad, y también el relativismo moral, es decir que no hay diferencias entre el bien y el mal. Si por ejemplo admito la prescripción de una religión según la cual un hombre puede tener muchas mujeres o viceversa, quiere decir que no pienso que exista la igualdad entre hombre y mujer. Por este motivo el relativismo religioso es malo para la sociedad en su conjunto, de hecho es alimentado por el relativismo filosófico y ético y a su vez los alimenta en un círculo destructivo de toda certeza.

Es por esto, que quizás la emigración provoca el relativismo en las sociedades que acogen, en cuanto a que se consideran todas las religiones por igual, y con ella todo sistema de principios y valores morales. Esto sucede si la razón política ha perdido la confianza en su capacidad de distinguir, en términos racionales, entre el bien y el mal. A su vez, el relativismo religioso debilita esta confianza de la razón en sí misma y aumenta la tolerancia a las actitudes religiosas contrarias a la ley moral natural.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Europa condena la Violencia Terrorista contra los Cristianos

Europa condena la Violencia Terrorista contra los Cristianos


Primera reacción de satisfacción de la Iglesia a través de Radio Vaticano


BRUSELAS, lunes 21 de febrero de 2011 (ZENIT.org).- Los ministros de Exteriores de la Unión Europea han mostrado su condena de los “actos terroristas” contra las minorías cristianas y sus lugares de culto, así como a otras minorías religiosas, incluidas musulmanas, dentro de las conclusiones de una reunión mantenida hoy en Bruselas.

En el documento conclusivo de la reunión, los ministros europeos afirman que en Europa "continuarán apoyando iniciativas en el ámbito del diálogo intercultural e interreligioso en un espíritu de apertura, implicación y entendimiento mutuo".

Asimismo, han reiterado "el fuerte compromiso de la Unión Europea de promover y proteger la libertad religiosa o credo sin discriminación".

jueves, 27 de enero de 2011

Ataques de "laicistas-progresistas" impiden celebrar Misa en Universidad de Barcelona

Ataques de "laicistas-progresistas" impiden celebrar Misa en Universidad de Barcelona


BARCELONA, 25 Ene. 11 (ACI).- Los constantes ataques "anti-capilla" de un grupo de jóvenes autoproclamados "laicistas-progresistas" impiden a estudiantes y docentes de la Universidad de Barcelona (España) ejercer su derecho a profesar libremente su fe y asistir a Misa en el campus.

"No habrá más misas hasta que la universidad pueda garantizar la seguridad de los estudiantes que quieran asistir a la liturgia", decidió el miércoles 12 de enero la UB en una reunión con los representantes de la Iglesia.

Las autoridades decidieron construir una entrada directa a la capilla como medida de seguridad para los católicos que quieren asistir a Misa sin que los grupos de intolerantes los insulten ni agredan en el camino.

Según informó el diario ABC, pocos días antes de la visita del Papa Benedicto XVI a la ciudad condal en noviembre de 2010, un grupo de estudiantes "laicistas-progresistas" intentaron boicotear una de las misas universitarias. A partir del altercado, las ceremonias fueron oficiadas bajo protección policial.

El 15 de diciembre del pasado año, 40 estudiantes irrumpieron en el recinto universitario para impedir la celebración. "Es lamentable que se den estas situaciones de boicot", porque impiden a las personas "expresar libremente sus creencias y eso no puede permitirse", indicó el sacerdote Mosén Lluís Ramis, uno de los dos profesores encargados de oficiar la misa en la capilla. "Lo que ocurre muchos miércoles aquí no tiene ninguna justificación", añadió al diario ABC.

La universidad mantiene un convenio desde 1988 con el Arzobispado de Barcelona por el cual se compromete a proporcionar un espacio académico de culto católico a los fieles universitarios.

"El artículo 18 de la Ley de Derechos Humanos y la propia Constitución garantizan ese derecho al ciudadano", agregó el Padre Ramis.

Los atentados contra la capilla de la UB demuestran la agresividad e intolerancia del movimiento estudiantil progresista. Los alumnos católicos se sienten acosados y temen que se produzca una agresión física. "A una de las profesoras la zarandearon y a muchos de nosotros nos increpan cada Misa", indicó uno de los alumnos afectados al diario.

Tras la suspensión de las Misas, la Universidad catalana ha puesto trabas a quienes deseen llegar a la capilla. Los fieles deben identificarse y pedir permiso al decanato o al rectorado. A pesar de estas medidas, algunos profesores aseguran no haber logrado el acceso.

El director de la Pastoral Juvenil de Barcelona, Mons. Joaquim Vidal, en declaraciones a la plataforma cívica Hazteoir.org, explicó que frente a las violentas amenazas, "nos mantenemos expectantes, es un problema de difícil solución, y si se producen más incidentes veremos qué medidas pediremos a la Universidad".

El grupo de protesta está formado por unos 40 estudiantes y un reducido grupo de profesores. "Han conseguido del rectorado todo lo que se han propuesto hasta ahora. Primero cerrar la capilla y después ponérnoslo difícil para rezar. Es intolerable", declaró una de las docentes acosadas a ABC.

Los alumnos "anti-capilla" exigen a la Universidad que se abra al debate público la validez de la cesión de espacios universitarios al culto religioso y que se detenga la actividad religiosa dentro de la universidad. Los estudiantes católicos enviaron una carta de denuncia al rectorado.

Según indicó el diario ABC, aún no obtienen respuesta. "Los cristianos son como ratas: apunta bien", es una de las pintas que podía leerse en la universidad catalana.



jueves, 13 de enero de 2011

Ataque a aldeas cristianas en Nigeria deja trece muertos

Ataque a aldeas cristianas en Nigeria deja trece muertos


ROMA, 11 Ene. 11 (ACI).- La Policía de Nigeria informó que un ataque contra aldeas de mayoría cristiana en el estado de Plateau dejó trece muertos, pese a que el Ejército reforzó el área para evitar más incidentes desde los ocurridos en la Navidad pasada.

El comisario de Plateau, Abdulrahman Akano, dijo a la prensa que el ataque se produjo la madrugada del martes 11 en poblados cercanos a Jos, capital de este estado ubicado en el centro del país.

Este ataque se suma a los enfrentamientos ocurridos entre cristianos y musulmanes del fin de semana pasado que dejaron unos 18 muertos y numerosas viviendas incendiadas. En Nochebuena se registraron por lo menos nueve atentados, la mayoría en zonas cristianas, con un saldo de 80 fallecidos y más de 70 heridos.

La agencia EFE informó que la población de Jos permanece en sus casas, y los comercios y oficinas están cerrados por temor a más ataques.

En el norte de Nigeria actúa el grupo radical islámico Boko Haram, que en 2010 asesinó a unas 700 personas, pero se teme que a la violencia religiosa se sumen choques políticos ante las elecciones generales de abril próximo.

Nigeria es el país más poblado de África con 150 millones de habitantes, sufre fuertes tensiones étnicas, religiosas, políticas, sociales y económicas.



miércoles, 12 de enero de 2011

En la OSCE, contra la Intolerancia y la Discriminación Anticristianas - Massimo Introvigne

En la OSCE, contra la Intolerancia y la Discriminación Anticristianas
Massimo Introvigne


ROMA, martes 11 de enero de 2011 (ZENIT.org).- Mientras me dispongo a asumir esta semana las funciones de Representante de la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa) “para la lucha contra el racismo, la xenofobia y la discriminación, con una atención particular a la discriminación contra los cristianos y los miembros de otras religiones”, estoy muy agradecido al Papa por haber indicado, en su discurso del 10 de enero al Cuerpo Diplomático, también a las organizaciones internacionales – entre ellas, por tanto, a la OSCE, definida en el reciente informe anual de Ayuda a la Iglesia Necesitada sobre libertad religiosa como la organización más importante en el mundo después de las Naciones Unidas en el campo de los derechos humanos – una agenda precisa. Dentro de los límites de mis posibilidades y capacidades, y de la necesaria coordinación con los demás órganos y representantes de la OSCE, intentaré hacer mía esta agenda.

El Papa ha indicado cinco riesgos para la libertad religiosa. El primero se refiere a un posible equívoco sobre qué es exactamente la libertad religiosa. Recordando su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2011, el Papa alude a discusiones que existen también dentro de la Iglesia católica sobre la interpretación correcta de la declaración sobre la libertad religiosa Dignitatis humanae del Concilio Ecuménico Vaticano II, recordada repetidamente también en el discurso del 10 de enero. Ha habido un ejemplo de ello en las reacciones al anuncio del nuevo encuentro de Asís. La libertad religiosa ha sido confundida a menudo con el relativismo, es decir, con la tesis de que no existe una verdad religiosa y de que la elección de una religión o de otra es más o menos indiferente. Sin embargo, como Benedicto XVI ha recordado en la encíclica Caritas in veritate en el n. 55, “la libertad religiosa no significa indiferentismo religioso y no conlleva que todas las religiones sean iguales”.

¿Se trata de una cuestión solamente teórica?. Ciertamente no. En efecto, el temor a que la libertad de religión traiga consigo un relativismo y una minusvaloración del papel de las religiones típicos del Occidente moderno es la primera razón por la que un país con una fuerte identidad religiosa islámica, hindú o budista se resiste a la aplicación de las convenciones internacionales en materia de libertad religiosa. Estos temen que aceptar la libertad religiosa signifique necesariamente ceder al relativismo y al indiferentismo típicos de una cierta cultura occidental moderna. Deben convencerse de que no es así, y que “libertad religiosa” y denuncia de la que el Papa llama “dictadura del relativismo” pueden y deben coexistir, como ilustra precisamente el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2011.

El segundo riesgo es el del intento del islam ultra-fundamentalista de poner fin a la existencia bimilenaria de comunidades cristianas en el Cercano Oriente, recurriendo incluso al terrorismo. En algunos países el intento de una limpieza étnica que elimine definitivamente a los cristianos es ya totalmente evidente. Los gobiernos, es cierto, se distancian de los ultra-fundamentalistas, y sería erróneo confundir el islam ultra-fundamentalista con el islam en general. Pero el tiempo de las palabras que no se traducen en hechos ha terminado. Se necesitan, afirma el Papa, “medidas eficaces para la protección de las minorías religiosas”.

Tampoco se trata sólo de un problema de policía, cuya acción en países como Egipto es con todo muy importante y debe llevar a cabo un salto de calidad si quiere alcanzar resultados no ficticios. Se trata también de las leyes, que en muchos países de mayoría islámica reducen la libertad religiosa solamente a la libertad de culto. Los cristianos – no en todas partes – pueden libremente celebrar sus ritos encerrados en la iglesia, pero no pueden salir de las iglesias y de las sacristías para anunciar el Evangelio. Si después alguien se convierte del islam al cristianismo, es castigado por las leyes contra la apostasía y – allí donde estas leyes han sido abrogadas por presión occidental – por normas contra la blasfemia, que a menudo son leyes contra las conversiones enmascaradas. El Papa recuerda que “la libertad religiosa no se aplica plenamente allí donde solamente se garantiza la libertad de culto, las más de las veces con limitaciones”. De modo muy explícito, afirma también que “entre las normas que lesionan el derecho de las personas a la libertad religiosa, merece una mención especial la ley contra la blasfemia en Pakistán: Animo de nuevo a las autoridades de ese País a realizar los esfuerzos necesarios para abrogarla, tanto más cuanto es evidente que sirve de pretexto para cometer injusticias y violencias contra las minorías religiosas”.

El tercer riesgo – a menudo poco conocido o minusvalorado – lo constituyen las agresiones contra los cristianos por parte de “fundamentalistas” hindúes o budistas, que identifican la identidad nacional de sus países con una identidad religiosa, defendida de modos incluso violentos contra el cristianismo. Son las que el Papa llama “situaciones preocupantes, a veces violentas, en el Sur y Sureste del continente asiático, en países que tienen por otra parte una tradición de relaciones sociales pacíficas. El peso particular de una determinada religión en una nación jamás debería implicar la discriminación en la vida social de los ciudadanos que pertenecen a otra confesión o, peor aún, que se consienta la violencia contra ellos”.

El cuarto riesgo lo constituye el hecho, aunque muchos quisieran olvidarlo, de que existen aún regímenes comunistas. “En diversos países – afirma el Papa con evidentes alusiones a estos regímenes - en que la Constitución reconoce una cierta libertad religiosa, la vida de las comunidades religiosas se hace, de hecho, difícil y a veces incluso insegura (cf. Conc. Vat. II, Decl. Dignitatis Humanae, 15), ya que el ordenamiento jurídico o social se inspira en sistemas filosóficos y políticos que postulan un estricto control, por no decir un monopolio, del Estado sobre la sociedad”. El pensamiento del Papa, así, “vuelve de nuevo a las comunidades católicas de China continental y a sus Pastores, que viven un momento de dificultad y de prueba”. No se trata del único caso, basta pensar por ejemplo en el drama ampliamente olvidado de los cristianos en Corea del Norte.

El quinto riesgo lo representa la que el Papa, en el discurso a la Curia Romana del 20 de diciembre de 2010, haciendo suya una expresión acuñada por el ilustre jurista hebreo estadounidense de origen sudafricano Joseph Weiler, ha llamado la “cristianofobia” de Occidente. “Dirigiendo nuestra mirada de Oriente a Occidente, nos encontramos frente a otros tipos de amenazas contra el pleno ejercicio de la libertad religiosa. Pienso, en primer lugar, en los países que conceden una gran importancia al pluralismo y la tolerancia, pero donde la religión sufre una marginación creciente. Se tiende a considerar la religión, toda religión, como un factor sin importancia, extraño a la sociedad moderna o incluso desestabilizador, y se busca por diversos medios impedir su influencia en la vida social. Se llega así a exigir que los cristianos ejerzan su profesión sin referencia a sus convicciones religiosas o morales, e incluso en contradicción con ellas, como, por ejemplo, allí donde están en vigor leyes que limitan el derecho a la objeción de conciencia de los profesionales sanitarios o de algunos profesionales del derecho”, particularmente en la cuestión del “aborto”.

“Otra manifestación de marginación de la religión y, en particular, del cristianismo – añadía el Papa –, consiste en desterrar de la vida pública fiestas y símbolos religiosos, por respeto a los que pertenecen a otras religiones o no creen. De esta manera, no sólo se limita el derecho de los creyentes a la expresión pública de su fe, sino que se cortan las raíces culturales que alimentan la identidad profunda y la cohesión social de muchas naciones”. También aquí, el Papa no se limitó a los principios generales, sino que hizo una referencia precisa a la sentencia Lautsi del Tribunal Europeo de los Derechos Humanos, que quisiera prohibir la exposición del crucifijo en las escuelas italianas, alabando a quienes luchan para que se quiten los infaustos e injustos efectos de esa sentencia. “El año pasado – dijo Benedicto XVI – algunos países europeos se unieron al recurso del Gobierno italiano en la famosa causa de la exposición del crucifijo en los lugares públicos. Deseo expresar mi gratitud a las autoridades de esas naciones, así como a todos los que se han empeñado en este sentido”.

La “cristianofobia” se manifiesta también en las amenazas a la libertad de educación y en la aversión administrativa a las escuelas católicas. Tampoco se puede, dijo el Papa, “dejar de mencionar otra amenaza a la libertad religiosa de las familias en algunos países europeos, allí donde se ha impuesto la participación a cursos de educación sexual o cívica que transmiten una concepción de la persona y de la vida pretendidamente neutra, pero que en realidad reflejan una antropología contraria a la fe y a la justa razón”.

Como nuevo Representante de la OSCE, presto oídos particularmente al llamamiento a la actividad de las “Organizaciones Internacionales intergubernamentales”, a las que el Papa pide reafirmar, “en primer lugar, está la convicción de que no se puede crear una especie de escala en la gravedad de la intolerancia contra las religiones. Desgraciadamente, una actitud semejante es frecuente, y los actos discriminatorios contra los cristianos son considerados precisamente como menos graves, menos dignos de atención por parte de los Gobiernos y de la opinión pública. Al mismo tiempo, se debe rechazar también el peligroso contraste que algunos quieren establecer entre el derecho a la libertad religiosa y los demás derechos del hombre, olvidando o negando así el papel central que el respeto de la libertad religiosa tiene en la defensa y protección de la alta dignidad del hombre. Todavía menos justificables son los intentos de oponer al derecho a la libertad religiosa unos derechos pretendidamente nuevos, promovidos activamente por ciertos sectores de la sociedad e incluidos en las legislaciones nacionales o en directivas internacionales, pero que no son, en realidad, más que la expresión de deseos egoístas que no encuentran fundamento en la auténtica naturaleza humana. Por último, es necesario afirmar que no es suficiente una proclamación abstracta de la libertad religiosa: esta norma fundamental de la vida social debe ser aplicada y respetada en todos los niveles y ámbitos; de otra manera, a pesar de justas afirmaciones de principio, se corre el riesgo de cometer profundas injusticias contra los ciudadanos que desean profesar y practicar libremente su fe”.

El hecho de que la OSCE haya instituido la oficina de un Representante para la lucha contra la discriminación de los cristianos, que se coloca junto a las de los dos Representantes para la lucha contra el antisemitismo y contra la islamofobia, representa un éxito de la diplomacia de la Santa Sede y de gobiernos, como el actual gobierno italiano, que la han secundado inteligentemente. Dicho con toda franqueza, el nombramiento de un católico italiano como el que suscribe para este papel de Representante constituye otro éxito de dichas diplomacias. Las dificultades y las oposiciones, naturalmente, no faltarán, y en tiempos de crisis económica los recursos de las organizaciones internacionales están severamente limitados. La agenda indicada por el Papa, sin embargo, es realista y precisa. Debería parecer razonable no sólo a los católicos, sino a todas las personas de buena voluntad. Se trata ahora de realizarla.


[Traducción del italiano por Inma Álvarez]



martes, 11 de enero de 2011

Religión no es problema ni factor de conflicto para sociedad, dice el Papa Benedicto

Religión no es problema ni factor de conflicto para sociedad, dice el Papa Benedicto


VATICANO, 10 Ene. 11 (ACI).- Al referirse a la situación de la libertad religiosa en Occidente, el Papa Benedicto XVI dijo que "la religión no constituye un problema para la sociedad, no es un factor de perturbación o de conflicto".

Así lo indicó el Santo Padre en su tradicional discurso anual al Cuerpo Diplomático esta mañana en el Vaticano, ante quienes resaltó que la Iglesia Católica "no busca privilegios, ni quiere intervenir en cuestiones extrañas a su misión, sino simplemente cumplirla con libertad. Invito a cada uno a reconocer la gran lección de la historia".

"En este sentido, la figura de la Beata Madre Teresa de Calcuta es emblemática: el centenario de su nacimiento se ha celebrado en Tirana, en Skopje, en Pristina, así como en India; le han rendido un vibrante homenaje, no sólo la Iglesia, sino también las autoridades civiles y los jefes religiosos, sin contar personas de todas las confesiones. Ejemplos como el suyo muestran al mundo cuánto puede beneficiar a la sociedad el compromiso que nace de la fe".

El Papa exhortó luego a que "ninguna sociedad humana se prive voluntariamente de la contribución fundamental que constituyen las personas y las comunidades religiosas. Como recuerda el Concilio Vaticano II, la sociedad, asegurando plenamente a todos la justa libertad religiosa, podrá así gozar 'de los bienes de la justicia y de la paz que dimanan de la fidelidad de los hombres a Dios y a su santa voluntad' ".


Religión es esencial en la vida pública

El Papa advirtió luego que diversos países de Occidente conceden una "gran importancia al pluralismo y la tolerancia, pero donde la religión sufre una marginación creciente. Se tiende a considerar la religión, toda religión, como un factor sin importancia, extraño a la sociedad moderna o incluso desestabilizador, y se busca por diversos medios impedir su influencia en la vida social".

"Se llega así a exigir que los cristianos ejerzan su profesión sin referencia a sus convicciones religiosas o morales, e incluso en contradicción con ellas, como, por ejemplo, allí donde están en vigor leyes que limitan el derecho a la objeción de conciencia de los profesionales sanitarios o de algunos profesionales del derecho".

Otra manifestación de marginación de la religión y, en particular, del cristianismo, dijo luego el Santo Padre, "consiste en desterrar de la vida pública fiestas y símbolos religiosos, por respeto a los que pertenecen a otras religiones o no creen. De esta manera, no sólo se limita el derecho de los creyentes a la expresión pública de su fe, sino que se cortan las raíces culturales que alimentan la identidad profunda y la cohesión social de muchas naciones".

"Reconocer la libertad religiosa significa, además, garantizar que las comunidades religiosas puedan trabajar libremente en la sociedad, con iniciativas en el ámbito social, caritativo o educativo. Por otra parte, se puede constatar por todo el mundo la fecunda labor de la Iglesia católica en estos ámbitos".

Es preocupante, continuó el Papa, "que este servicio que las comunidades religiosas ofrecen a toda la sociedad, en particular mediante la educación de las jóvenes generaciones, sea puesto en peligro u obstaculizado por proyectos de ley que amenazan con crear una especie de monopolio estatal en materia escolástica, como se puede constatar por ejemplo en algunos países de América Latina".

"Continuando mi reflexión, no puedo dejar de mencionar otra amenaza a la libertad religiosa de las familias en algunos países europeos, allí donde se ha impuesto la participación a cursos de educación sexual o cívica que transmiten una concepción de la persona y de la vida pretendidamente neutra, pero que en realidad reflejan una antropología contraria a la fe y a la justa razón".

"Todavía menos justificables son los intentos de oponer al derecho a la libertad religiosa unos derechos pretendidamente nuevos, promovidos activamente por ciertos sectores de la sociedad e incluidos en las legislaciones nacionales o en directivas internacionales, pero que no son, en realidad, más que la expresión de deseos egoístas que no encuentran fundamento en la auténtica naturaleza humana".

"Por eso, mientras formulo votos para que este nuevo año sea rico en concordia y en un progreso real, exhorto a todos, responsables políticos, jefes religiosos y personas de toda clase, a emprender con determinación el camino hacia una paz auténtica y estable, que pase por el respeto del derecho a la libertad religiosa en toda su amplitud", concluyó.


Para leer el discurso completo ingrese a:



sábado, 8 de enero de 2011

Canciller alemana reclama protección para cristianos amenazados por fanatismo religioso

Canciller alemana reclama protección para cristianos amenazados por fanatismo religioso


BERLÍN, 07 Ene. 11 (ACI).- La canciller alemana Ángela Merkel repudió el atentado terrorista del 31 de diciembre contra una iglesia copta en Egipto, y reclamó protección para las minorías cristianas en los países donde se encuentran amenazadas por el fanatismo religioso, principalmente islámico.

La libertad religiosa "es un valor esencial, uno de los valores fundamentales de la política exterior alemana", y el Estado alemán busca la protección de la vida e integridad de las minorías religiosas "a nivel mundial", subrayó Merkel en declaraciones al diario Passauer Neuen Presse recogidas por la agencia EFE.

La canciller alemana afirmó que ninguna diferencia cultural puede justificar la violación de los derechos religiosos, especialmente considerando que la mayoría de países del mundo pertenecen a las Naciones Unidas y han firmado la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Merkel también señaló que si "defendemos con convencimiento nuestros valores", se conseguirá el respeto y reconocimiento mundial, a diferencia de hacerlo "de una manera avergonzada".



sábado, 1 de enero de 2011

“La libertad religiosa, camino de la paz”

“La libertad religiosa, camino de la paz”
El mensaje del Papa para la Jornada de la Paz 2011 en 48 frases


1.- Se puede constatar con dolor que en algunas regiones del mundo la profesión y expresión de la propia religión comporta un riesgo para la vida y la libertad personal. En otras regiones, se dan formas más silenciosas y sofisticadas de prejuicio y de oposición hacia los creyentes y los símbolos religiosos.

2.- Los cristianos son actualmente el grupo religioso que sufre el mayor número de persecuciones a causa de su fe. Muchos sufren cada día ofensas y viven frecuentemente con miedo por su búsqueda de la verdad, su fe en Jesucristo y por su sincero llamamiento a que se reconozca la libertad religiosa.

3.- Todo esto no se puede aceptar, porque constituye una ofensa a Dios y a la dignidad humana; además es una amenaza a la seguridad y a la paz, e impide la realización de un auténtico desarrollo humano integral.

4.- En la libertad religiosa se expresa la especificidad de la persona humana, por la que puede ordenar la propia vida personal y social a Dios, a cuya luz se comprende plenamente la identidad, el sentido y el fin de la persona. Negar o limitar de manera arbitraria esa libertad, significa cultivar una visión reductiva de la persona humana, oscurecer el papel público de la religión; significa generar una sociedad injusta, que no se ajusta a la verdadera naturaleza de la persona humana; significa hacer imposible la afirmación de una paz auténtica y estable para toda la familia humana.

5.- Por tanto, exhorto a los hombres y mujeres de buena voluntad a renovar su compromiso por la construcción de un mundo en el que todos puedan profesar libremente su religión o su fe, y vivir su amor a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente (cf. Mt 22, 37).

6.- El derecho a la libertad religiosa se funda en la misma dignidad de la persona humana, cuya naturaleza trascendente no se puede ignorar o descuidar. Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza (cf. Gn 1, 27). Por eso, toda persona es titular del derecho sagrado a una vida íntegra, también desde el punto de vista espiritual. Si no se reconoce su propio ser espiritual, sin la apertura a la trascendencia, la persona humana se repliega sobre sí misma, no logra encontrar respuestas a los interrogantes de su corazón sobre el sentido de la vida, ni conquistar valores y principios éticos duraderos, y tampoco consigue siquiera experimentar una auténtica libertad y desarrollar una sociedad justa.

7.- La libertad religiosa está en el origen de la libertad moral. En efecto, la apertura a la verdad y al bien, la apertura a Dios, enraizada en la naturaleza humana, confiere a cada hombre plena dignidad, y es garantía del respeto pleno y recíproco entre las personas. Por tanto, la libertad religiosa se ha de entender no sólo como ausencia de coacción, sino antes aún como capacidad de ordenar las propias opciones según la verdad.

8.- Una libertad enemiga o indiferente con respecto a Dios termina por negarse a sí misma y no garantiza el pleno respeto del otro. Una voluntad que se cree radicalmente incapaz de buscar la verdad y el bien no tiene razones objetivas y motivos para obrar, sino aquellos que provienen de sus intereses momentáneos y pasajeros; no tiene una “identidad” que custodiar y construir a través de las opciones verdaderamente libres y conscientes.

9.- No puede, pues, reclamar el respeto por parte de otras “voluntades”, que también están desconectadas de su ser más profundo, y que pueden hacer prevalecer otras “razones” o incluso ninguna “razón”.

10.- La ilusión de encontrar en el relativismo moral la clave para una pacífica convivencia, es en realidad el origen de la división y negación de la dignidad de los seres humanos. Se comprende entonces la necesidad de reconocer una doble dimensión en la unidad de la persona humana: la religiosa y la social.

11.- A este respecto, es inconcebible que los creyentes «tengan que suprimir una parte de sí mismos –su fe- para ser ciudadanos activos. Nunca debería ser necesario renegar de Dios para poder gozar de los propios derechos».

12.- La familia fundada sobre el matrimonio, expresión de la unión íntima y de la complementariedad entre un hombre y una mujer, se inserta en este contexto como la primera escuela de formación y crecimiento social, cultural, moral y espiritual de los hijos, que deberían ver siempre en el padre y la madre el primer testimonio de una vida orientada a la búsqueda de la verdad y al amor de Dios.

13.- La familia, primera célula de la sociedad humana, sigue siendo el ámbito primordial de formación para unas relaciones armoniosas en todos los ámbitos de la convivencia humana, nacional e internacional. Éste es el camino que se ha de recorrer con sabiduría para construir un tejido social sólido y solidario, y preparar a los jóvenes para que, con un espíritu de comprensión y de paz, asuman su propia responsabilidad en la vida, en una sociedad libre.

14.- Cuando se reconoce la libertad religiosa, la dignidad de la persona humana se respeta en su raíz, y se refuerzan el ethos y las instituciones de los pueblos. Y viceversa, cuando se niega la libertad religiosa, cuando se intenta impedir la profesión de la propia religión o fe y vivir conforme a ellas, se ofende la dignidad humana, a la vez que se amenaza la justicia y la paz, que se fundan en el recto orden social construido a la luz de la Suma Verdad y Sumo Bien.

15.- La libertad religiosa significa también, en este sentido, una conquista de progreso político y jurídico. Es un bien esencial: toda persona ha de poder ejercer libremente el derecho a profesar y manifestar, individualmente o comunitariamente, la propia religión o fe, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, las publicaciones, el culto o la observancia de los ritos.

16.- No debería haber obstáculos si quisiera adherirse eventualmente a otra religión, o no profesar ninguna. En este ámbito, el ordenamiento internacional resulta emblemático y es una referencia esencial para los Estados, ya que no consiente ninguna derogación de la libertad religiosa, salvo la legítima exigencia del justo orden público.

17.- La libertad religiosa no es patrimonio exclusivo de los creyentes, sino de toda la familia de los pueblos de la tierra. Es un elemento imprescindible de un Estado de derecho; no se puede negar sin dañar al mismo tiempo los demás derechos y libertades fundamentales, pues es su síntesis y su cumbre. Es un «indicador para verificar el respeto de todos los demás derechos humanos».

18.- La libertad religiosa, como toda libertad, aunque proviene de la esfera personal, se realiza en la relación con los demás. Una libertad sin relación no es una libertad completa. La libertad religiosa no se agota en la simple dimensión individual, sino que se realiza en la propia comunidad y en la sociedad, en coherencia con el ser relacional de la persona y la naturaleza pública de la religión.

19.- Es innegable la aportación que las comunidades religiosas dan a la sociedad. Son muchas las instituciones caritativas y culturales que dan testimonio del papel constructivo de los creyentes en la vida social. Más importante aún es la contribución ética de la religión en el ámbito político. No se la debería marginar o prohibir, sino considerarla como una aportación válida para la promoción del bien común. En esta perspectiva, hay que mencionar la dimensión religiosa de la cultura, que a lo largo de los siglos se ha forjado gracias a la contribución social y, sobre todo, ética de la religión. Esa dimensión no constituye de ninguna manera una discriminación para los que no participan de la creencia, sino que más bien refuerza la cohesión social, la integración y la solidaridad.

20.- La instrumentalización de la libertad religiosa para enmascarar intereses ocultos, como por ejemplo la subversión del orden constituido, la acumulación de recursos o la retención del poder por parte de un grupo, puede provocar daños enormes a la sociedad. El fanatismo, el fundamentalismo, las prácticas contrarias a la dignidad humana, nunca se pueden justificar y mucho menos si se realizan en nombre de la religión. La profesión de una religión no se puede instrumentalizar ni imponer por la fuerza.

21.- ¿Cómo negar la aportación de las grandes religiones del mundo al desarrollo de la civilización? La búsqueda sincera de Dios ha llevado a un mayor respeto de la dignidad del hombre. Las comunidades cristianas, con su patrimonio de valores y principios, han contribuido mucho a que las personas y los pueblos hayan tomado conciencia de su propia identidad y dignidad, así como a la conquista de instituciones democráticas y a la afirmación de los derechos del hombre con sus respectivas obligaciones.

22.- También hoy, en una sociedad cada vez más globalizada, los cristianos están llamados a dar su aportación preciosa al fatigoso y apasionante compromiso por la justicia, al desarrollo humano integral y a la recta ordenación de las realidades humanas, no sólo con un compromiso civil, económico y político responsable, sino también con el testimonio de su propia fe y caridad.

23.- La exclusión de la religión de la vida pública, priva a ésta de un espacio vital que abre a la trascendencia. Sin esta experiencia primaria resulta difícil orientar la sociedad hacia principios éticos universales, así como al establecimiento de ordenamientos nacionales e internacionales en que los derechos y libertades fundamentales puedan ser reconocidos y realizados plenamente, conforme a lo propuesto en los objetivos de la Declaración Universal de los derechos del hombre de 1948, aún hoy por desgracia incumplidos o negados.

24.- La misma determinación con la que se condenan todas las formas de fanatismo y fundamentalismo religioso ha de animar la oposición a todas las formas de hostilidad contra la religión, que limitan el papel público de los creyentes en la vida civil y política.

25.- No se ha de olvidar que el fundamentalismo religioso y el laicismo son formas especulares y extremas de rechazo del legítimo pluralismo y del principio de laicidad. En efecto, ambos absolutizan una visión reductiva y parcial de la persona humana, favoreciendo, en el primer caso, formas de integrismo religioso y, en el segundo, de racionalismo.

26.- La sociedad que quiere imponer o, al contrario, negar la religión con la violencia, es injusta con la persona y con Dios, pero también consigo misma. Dios llama a sí a la humanidad con un designio de amor que, implicando a toda la persona en su dimensión natural y espiritual, reclama una correspondencia en términos de libertad y responsabilidad, con todo el corazón y el propio ser, individual y comunitario.

27.- Las leyes y las instituciones de una sociedad no se pueden configurar ignorando la dimensión religiosa de los ciudadanos, o de manera que prescinda totalmente de ella. A través de la acción democrática de ciudadanos conscientes de su alta vocación, se han de conmensurar con el ser de la persona, para poder secundarlo en su dimensión religiosa. Al no ser ésta una creación del Estado, no puede ser manipulada, sino que más bien debe reconocerla y respetarla.

28.- El ordenamiento jurídico en todos los niveles, nacional e internacional, cuando consiente o tolera el fanatismo religioso o antirreligioso, no cumple con su misión, que consiste en la tutela y promoción de la justicia y el derecho de cada uno. Éstas últimas no pueden quedar al arbitrio del legislador o de la mayoría porque, como ya enseñaba Cicerón, la justicia consiste en algo más que un mero acto productor de la ley y su aplicación.

29.- El patrimonio de principios y valores expresados en una religiosidad auténtica es una riqueza para los pueblos y su ethos. Se dirige directamente a la conciencia y a la razón de los hombres y mujeres, recuerda el imperativo de la conversión moral, motiva el cultivo y la práctica de las virtudes y la cercanía hacia los demás con amor, bajo el signo de la fraternidad, como miembros de la gran familia humana.

30.- La dimensión pública de la religión ha de ser siempre reconocida, respetando la laicidad positiva de las instituciones estatales. Para dicho fin, es fundamental un sano diálogo entre las instituciones civiles y las religiosas para el desarrollo integral de la persona humana y la armonía de la sociedad.

31.- En un mundo globalizado, caracterizado por sociedades cada vez más multiétnicas y multiconfesionales, las grandes religiones pueden constituir un importante factor de unidad y de paz para la familia humana. Sobre la base de las respectivas convicciones religiosas y de la búsqueda racional del bien común, sus seguidores están llamados a vivir con responsabilidad su propio compromiso en un contexto de libertad religiosa.

32.- El espacio público, que la comunidad internacional pone a disposición de las religiones y su propuesta de “vida buena”, favorece el surgir de un criterio compartido de verdad y de bien, y de un consenso moral, fundamentales para una convivencia justa y pacífica.

33.- Los líderes de las grandes religiones, por su papel, su influencia y su autoridad en las propias comunidades, son los primeros en ser llamados a vivir en el respeto recíproco y en el diálogo.

34.- Los cristianos, por su parte, están llamados por la misma fe en Dios, Padre del Señor Jesucristo, a vivir como hermanos que se encuentran en la Iglesia y colaboran en la edificación de un mundo en el que las personas y los pueblos «no harán daño ni estrago […], porque está lleno el país de la ciencia del Señor, como las aguas colman el mar» (Is 11, 9).

35.- El diálogo entre los seguidores de las diferentes religiones constituye para la Iglesia un instrumento importante para colaborar con todas las comunidades religiosas al bien común. La Iglesia no rechaza nada de lo que en las diversas religiones es verdadero y santo.

36.- La política y la diplomacia deberían contemplar el patrimonio moral y espiritual que ofrecen las grandes religiones del mundo, para reconocer y afirmar aquellas verdades, principios y valores universales que no pueden negarse sin negar la dignidad de la persona humana.

37.- Pero, ¿qué significa, de manera práctica, promover la verdad moral en el mundo de la política y de la diplomacia? Significa actuar de manera responsable sobre la base del conocimiento objetivo e íntegro de los hechos; quiere decir desarticular aquellas ideologías políticas que terminan por suplantar la verdad y la dignidad humana, y promueven falsos valores con el pretexto de la paz, el desarrollo y los derechos humanos; significa favorecer un compromiso constante para fundar la ley positiva sobre los principios de la ley natural.

38.- Todo esto es necesario y coherente con el respeto de la dignidad y el valor de la persona humana, ratificado por los Pueblos de la tierra en la Carta de la Organización de las Naciones Unidas de 1945, que presenta valores y principios morales universales como referencia para las normas, instituciones y sistemas de convivencia en el ámbito nacional e internacional.

39.- A pesar de las enseñanzas de la historia y el esfuerzo de los Estados, las Organizaciones internacionales a nivel mundial y local, de las Organizaciones no gubernamentales y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, que cada día se esfuerzan por tutelar los derechos y libertades fundamentales, se siguen constatando en el mundo persecuciones, discriminaciones, actos de violencia y de intolerancia por motivos religiosos.

40.- Particularmente en Asia y África, las víctimas son principalmente miembros de las minorías religiosas, a los que se les impide profesar libremente o cambiar la propia religión a través de la intimidación y la violación de los derechos, de las libertades fundamentales y de los bienes esenciales, llegando incluso a la privación de la libertad personal o de la misma vida.

41.- Como ya he afirmado, se dan también formas más sofisticadas de hostilidad contra la religión, que en los Países occidentales se expresan a veces renegando de la historia y de los símbolos religiosos, en los que se reflejan la identidad y la cultura de la mayoría de los ciudadanos. Son formas que fomentan a menudo el odio y el prejuicio, y no coinciden con una visión serena y equilibrada del pluralismo y la laicidad de las instituciones, además del riesgo para las nuevas generaciones de perder el contacto con el precioso patrimonio espiritual de sus Países.

42.- La defensa de la religión pasa a través de la defensa de los derechos y de las libertades de las comunidades religiosas. Que los líderes de las grandes religiones del mundo y los responsables de las naciones, renueven el compromiso por la promoción y tutela de la libertad religiosa, en particular, por la defensa de las minorías religiosas, que no constituyen una amenaza contra la identidad de la mayoría, sino que, por el contrario, son una oportunidad para el diálogo y el recíproco enriquecimiento cultural. Su defensa representa la manera ideal para consolidar el espíritu de benevolencia, de apertura y de reciprocidad con el que se tutelan los derechos y libertades fundamentales en todas las áreas y regiones del mundo.

43.- Me dirijo a las comunidades cristianas que sufren persecuciones, discriminaciones, actos de violencia e intolerancia, en particular en Asia, en África, en Oriente Medio y especialmente en Tierra Santa, lugar elegido y bendecido por Dios. A la vez que les renuevo mi afecto paterno y les aseguro mi oración, pido a todos los responsables que actúen prontamente para poner fin a todo atropello contra los cristianos que viven en esas regiones. Que los discípulos de Cristo no se desanimen ante las adversidades actuales, porque el testimonio del Evangelio es y será siempre un signo de contradicción.

44.- Meditemos en nuestro corazón las palabras del Señor Jesús: «Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados […]. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo» (Mt 5, 5-12). Renovemos, pues, «el compromiso de indulgencia y de perdón que hemos adquirido, y que invocamos en el Pater Noster, al poner nosotros mismos la condición y la medida de la misericordia que deseamos obtener: “Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores” (Mt 6, 12)».

45.- La violencia no se vence con la violencia. Que nuestro grito de dolor vaya siempre acompañado por la fe, la esperanza y el testimonio del amor de Dios. Expreso también mi deseo de que en Occidente, especialmente en Europa, cesen la hostilidad y los prejuicios contra los cristianos, por el simple hecho de que intentan orientar su vida en coherencia con los valores y principios contenidos en el Evangelio. Que Europa sepa más bien reconciliarse con sus propias raíces cristianas, que son fundamentales para comprender el papel que ha tenido, que tiene y que quiere tener en la historia; de esta manera, sabrá experimentar la justicia, la concordia y la paz, cultivando un sincero diálogo con todos los pueblos.

46.- El mundo tiene necesidad de Dios. Tiene necesidad de valores éticos y espirituales, universales y compartidos, y la religión puede contribuir de manera preciosa a su búsqueda, para la construcción de un orden social justo y pacífico, a nivel nacional e internacional.

47.- La paz es un don de Dios y al mismo tiempo un proyecto que realizar, pero que nunca se cumplirá totalmente. Una sociedad reconciliada con Dios está más cerca de la paz, que no es la simple ausencia de la guerra, ni el mero fruto del predominio militar o económico, ni mucho menos de astucias engañosas o de hábiles manipulaciones. La paz, por el contrario, es el resultado de un proceso de purificación y elevación cultural, moral y espiritual de cada persona y cada pueblo, en el que la dignidad humana es respetada plenamente.

48.- La libertad religiosa es un arma auténtica de la paz, con una misión histórica y profética. En efecto, ella valoriza y hace fructificar las más profundas cualidades y potencialidades de la persona humana, capaces de cambiar y mejorar el mundo. Ella permite alimentar la esperanza en un futuro de justicia y paz, también ante las graves injusticias y miserias materiales y morales. Que todos los hombres y las sociedades, en todos los ámbitos y ángulos de la Tierra, puedan experimentar pronto la libertad religiosa, camino para la paz.








viernes, 17 de diciembre de 2010

La libertad religiosa es de todos, no sólo para los creyentes, dice el Papa

La libertad religiosa es de todos, no sólo para los creyentes, dice el Papa
Benedicto XVI enumera los ingredientes de la “laicidad positiva”


CIUDAD DEL VATICANO, jueves 16 de diciembre de 2010 (ZENIT.org).- El Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, que ha sido hecho público hoy en rueda de prensa por el cardenal Peter Kowdo Appiah Turkson, contiene los “ingredientes” para una comprensión de la “laicidad positiva”, tan importante para Benedicto XVI.

De hecho, la cuestión de la “laicidad positiva”, o bien, de cuál es la correcta separación e interacción entre los poderes públicos y la religión, ha sido un tema central en los viajes a Estados Unidos, Francia, Inglaterra, etc. También se su discurso a la ONU, el 18 de abril de 2008.

Esta “laicidad positiva” consiste en la recta comprensión del derecho a la libertad religiosa, afirma el Papa, y en el subsiguiente papel del Estado en promover y respetar esa libertad fundamental.

El Papa se basa en su mensaje en dos documentos conciliares, la Declaración sobre la libertad religiosa Dignitatis humanae, y la Declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas Nostra aetate.

La libertad religiosa, afirma el Papa, esta contenida dentro del mismo derecho a la vida, y es por tanto un derecho fundamental: “toda persona es titular del derecho sagrado a una vida íntegra, también desde el punto de vista espiritual”.

La dignidad trascendente de la persona capaz “de trascender la propia materialidad y buscar la verdad, ha de ser reconocida como un bien universal, indispensable para la construcción de una sociedad orientada a la realización y plenitud del hombre”, afirma el Papa.

Es más, la libertad religiosa “está en el origen de la libertad moral”, y debe entenderse “no sólo como ausencia de coacción, sino antes aún como capacidad de ordenar las propias opciones según la verdad”.

Por esto, entre libertad y respeto “hay un vínculo inseparable”, e igualmente “una libertad enemiga o indiferente con respecto a Dios termina por negarse a sí misma y no garantiza el pleno respeto del otro”.

“La ilusión de encontrar en el relativismo moral la clave para una pacífica convivencia, es en realidad el origen de la división y negación de la dignidad de los seres humanos”, subraya el Papa. “Es inconcebible que los creyentes tengan que suprimir una parte de sí mismos –su fe- para ser ciudadanos activos. Nunca debería ser necesario renegar de Dios para poder gozar de los propios derechos”.


Religión y sociedad

El Papa insiste en que cuando se niega la libertad religiosa, “cuando se intenta impedir la profesión de la propia religión o fe y vivir conforme a ellas, se ofende la dignidad humana, a la vez que se amenaza la justicia y la paz, que se fundan en el recto orden social”.

Esta libertad religiosa, que es “una conquista de progreso político y jurídico”, consiste en el libre ejercicio del derecho a profesar y manifestar, individualmente o comunitariamente, la propia religión o fe, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, las publicaciones, el culto o la observancia de los ritos.

Además, subraya el Papa, “no debería haber obstáculos si quisiera adherirse eventualmente a otra religión, o no profesar ninguna”.

“La libertad religiosa no es patrimonio exclusivo de los creyentes, sino de toda la familia de los pueblos de la tierra. Es un elemento imprescindible de un Estado de derecho; no se puede negar sin dañar al mismo tiempo los demás derechos y libertades fundamentales, pues es su síntesis y su cumbre”.

Esta libertad “no se agota en la simple dimensión individual, sino que se realiza en la propia comunidad y en la sociedad, en coherencia con el ser relacional de la persona y la naturaleza pública de la religión”.

La dimensión pública de la religión ha de ser siempre reconocida, respetando la laicidad positiva de las instituciones estatales. Para dicho fin, es fundamental un sano diálogo entre las instituciones civiles y las religiosas para el desarrollo integral de la persona humana y la armonía de la sociedad”.

El Papa advierte también contra “la instrumentalización de la libertad religiosa para enmascarar intereses ocultos, como por ejemplo la subversión del orden constituido, la acumulación de recursos o la retención del poder por parte de un grupo”.

“El fanatismo, el fundamentalismo, las prácticas contrarias a la dignidad humana, nunca se pueden justificar y mucho menos si se realizan en nombre de la religión. La profesión de una religión no se puede instrumentalizar ni imponer por la fuerza”, añade.


Ni fundamentalismo ni laicismo

En el punto 8 del mensaje, el Papa explicita en qué consiste, desde esta “laicidad positiva”, el papel del Estado respecto a la libertad religiosa: garantizar “el legítimo pluralismo y el principio de laicidad”, frente al fundamentalismo religioso y el laicismo.

Ambas posturas, afirma el Papa, “absolutizan una visión reductiva y parcial de la persona humana, favoreciendo, en el primer caso, formas de integrismo religioso y, en el segundo, de racionalismo”.

“La sociedad que quiere imponer o, al contrario, negar la religión con la violencia, es injusta con la persona y con Dios, pero también consigo misma”.

“Dios llama a sí a la humanidad con un designio de amor que, implicando a toda la persona en su dimensión natural y espiritual, reclama una correspondencia en términos de libertad y responsabilidad, con todo el corazón y el propio ser, individual y comunitario”.

Por eso, “las leyes y las instituciones de una sociedad no se pueden configurar ignorando la dimensión religiosa de los ciudadanos, o de manera que prescinda totalmente de ella”.

La dimensión religiosa de la persona, “al no ser una creación del Estado, no puede ser manipulada, sino que más bien debe ser reconocida y respetada”.

“El ordenamiento jurídico en todos los niveles, nacional e internacional, cuando consiente o tolera el fanatismo religioso o antirreligioso, no cumple con su misión, que consiste en la tutela y promoción de la justicia y el derecho de cada uno”, subraya el Papa.

No reconocer esta dimensión, en resumen, “expone a la sociedad al riesgo de totalitarismos políticos e ideológicos, que enfatizan el poder público, mientras se menoscaba y coarta la libertad de conciencia, de pensamiento y de religión, como si fueran rivales”.


Diálogo interreligioso

Precisamente por reconocer este papel público de la religión, los creyentes “están llamados a vivir con responsabilidad su propio compromiso en un contexto de libertad religiosa”.

“En las diversas culturas religiosas, a la vez que se debe rechazar todo aquello que va contra la dignidad del hombre y la mujer, se ha de tener en cuenta lo que resulta positivo para la convivencia civil”.

Por su parte, el Papa recuerda la doctrina conciliar de que la Iglesia “no rechaza nada de lo que en las diversas religiones es verdadero y santo”.

“Con eso no se quiere señalar el camino del relativismo o del sincretismo religioso”, pues la Iglesia “tiene la obligación de anunciar sin cesar a Cristo”, en quien “los hombres encuentran la plenitud de la vida religiosa”.

“Esto no excluye el diálogo y la búsqueda común de la verdad en los diferentes ámbitos vitales, pues, como afirma a menudo santo Tomás, «toda verdad, independientemente de quien la diga, viene del Espíritu Santo»”.



[Por Inma Álvarez]



jueves, 28 de octubre de 2010

Benedicto XVI en Inglaterra: Libertad religiosa y felicidad pública - P. Horacio Bojorge

Benedicto XVI en Inglaterra: Libertad religiosa y felicidad pública
P. Horacio Bojorge, SJ


Una relectura desde el Río de la Plata, pero válida también para América Latina y el Caribe.


Lo que SS. Benedicto ha dicho en Inglaterra es un mensaje para el mundo, para toda Europa, pero también para el resto y para el país desde donde escribo: Uruguay así como para otros países de este hemisferio. Me permito pues editorializar a propósito de estas decisivas afirmaciones.

Mientras en Europa se acaba de zanjar la discusión sobre el derecho a la objeción de conciencia, en este mismo momento, en Uruguay el ejercicio de ese derecho se le está denegando a profesionales e instituciones de la salud.

Es razonable temer que el mismo principio en que se basa hoy ese "desconocimiento" justificará en lo sucesivo la imposición de un pensamiento único en los demás ámbitos de la vida pública, como pueden ser las instituciones de enseñanza. De ahí la actualidad del reclamo del Papa que expongo sintéticamente aquí.

En el encuentro con las autoridades de gobierno en el Holyroodhouse Benedicto XVI ha dicho que si se excluye la reflexión sobre Dios y sobre la religión en la vida humana "sobreviene una visión trunca del hombre y de la sociedad".

Por esto, las instituciones religiosas, incluyendo las instituciones católicas, "deben ser libres de actuar de acuerdo con sus propios principios y sus propias y específicas convicciones". Lo que está en juego es la libertad, que no por ser libertad religiosa es menos respetable y sagrada que cualquier otra libertad.

Al escuchar esta afirmación del Papa me hago las siguientes reflexiones.

Es sorprendente que en un mundo donde la libertad es reconocida en teoría como derecho humano fundamental, se considere políticamente correcto desconocerla, impedirla y arrebatarla en la práctica sin ningún escrúpulo ni la más mínima vacilación, negando a las personas la libertad para configurar su vida de acuerdo al imperativo de su conciencia, incluida su visión religiosa de la vida.

Es extraño que esté ocurriendo la privación tiránica de libertad, dentro de regímenes que proclaman, al parecer sinceramente, ser democráticos y respetuosos de las libertades. Por eso resulta también llamativo que el Papa tenga que salir a defender algo tan elemental y en apariencia admitido como obvio por los actores políticos contemporáneos.

Es extraña también que reine una extendida sensibilidad hemiplégica de influyentes actores políticos que al mismo tiempo que luchan por la libertad y los derechos de ciertas minorías y se esfuercen en reconocerlas en las leyes, desconozcan e impidan, también por via de leyes, el ejercicio de las libertades y derechos religiosos, particularmente de los derechos de los católicos. Da la impresión de que sólo esos derechos de los cristianos fuesen considerados incompatibles o reñidos con el bien común que se pretende tutelar recortándolos.

En efecto, ha dicho el Papa hablando en el Westminster Hall, en el encuentro con autoridades civiles, que la fe no es un "un hecho puramente privado y subjetivo", sino "la fuente de nuestra felicidad última como individuos".

Así puede resumirse el razonamiento central que Benedicto XVI ha hecho en su histórica visita a Gran Bretaña desde el 16 al 19 de setiembre de 2010. Este razonamiento ha sido el hilo conductor de sus intervenciones en los varios encuentros que ha tenido en Edimburgo, Glasgow, Londres y Birmingham donde terminó su viaje con la ceremonia de Beatificación del Cardenal John Henry Newman.





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